Rusia despliega el submarino que puede lanzar el torpedo nuclear Poseidón: la nueva amenaza que emerge del mar

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Rusia prueba el Khabarovsk, el submarino del misil nuclear Poseidón, en el Mar Blanco. Un paso clave hacia el arma de apocalipsis que desafía a Occidente.

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El submarino nuclear ruso Khabarovsk, diseñado específicamente como portador del torpedo nuclear Poseidón, ha sido avistado en el Mar Blanco a mediados de agosto de 2026, marcando el inicio de sus pruebas de mar y un paso crucial en la materialización de un programa que Moscú ha rodeado de secretismo y propaganda. El avistamiento, ocurrido entre el 16 y el 17 de agosto, muestra al buque del Proyecto 09851 fuera de las instalaciones de Sevmash en Severodvinsk, según análisis de imágenes satelitales y reportes de medios especializados. Sin embargo, ni el Ministerio de Defensa ruso ni el astillero han emitido una comunicación oficial detallada sobre el programa de pruebas, manteniendo la opacidad que ha caracterizado al proyecto.

El Khabarovsk no es un submarino convencional de ataque o balístico, sino una plataforma nuclear de propósito especial, concebida desde su diseño por la oficina Rubin para operar el Poseidón. Este sistema, también conocido como "arma de apocalipsis" por su capacidad de generar tsunamis radiactivos en zonas costeras, representa una apuesta estratégica distinta a la disuasión nuclear tradicional. Mientras los misiles balísticos intercontinentales se basan en la velocidad y la imposibilidad de interceptación, el Poseidón introduce una lógica de disuasión por inundación: un arma que, aunque más lenta, podría ser prácticamente imposible de detener una vez lanzada, al viajar a profundidades extremas y a velocidades que complican cualquier defensa antisubmarina convencional.

Tras ser puesto en grada en julio de 2014, botado en noviembre de 2025 y visto en el agua a finales de ese mes, ahora enfrenta la fase más exigente: validar sus sistemas de propulsión, navegación y comportamiento bajo el agua antes de la aceptación por parte de la Armada rusa. Este hito subraya la diferencia con el Belgorod, el primer submarino vinculado al sistema, ya que el Khabarovsk representa la plataforma construida específicamente para esa misión. El Belgorod, originalmente un proyecto de la era soviética reconvertido, funciona como banco de pruebas y plataforma de transición; el Khabarovsk, en cambio, es el diseño definitivo que Rusia espera operar de manera regular en sus flotas del Norte y del Pacífico.

Para los lectores, este desarrollo tiene implicaciones directas en el equilibrio estratégico global. La posibilidad de que Rusia despliegue un arma nuclear no disuasoria en el sentido clásico —sino de castigo masivo e inapelable— altera los cálculos de defensa de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, especialmente en lo relativo a sistemas de alerta temprana y defensa costera. El Poseidón no busca ganar una guerra convencional, sino garantizar que, en un escenario extremo, ninguna potencia pueda sentirse segura tras sus defensas antimisiles. Esto explica por qué Moscú ha invertido recursos significativos en un programa que algunos analistas occidentales consideran excesivamente costoso y de dudosa utilidad táctica, pero que tiene un valor propagandístico y de disuasión psicológica innegable.

Aunque persisten incógnitas sobre sus capacidades exactas, con estimaciones que sugieren hasta seis torpedos de largo alcance, el verdadero valor del buque reside en demostrar si el concepto Poseidón puede convertirse en una capacidad operativa real, un desafío que ahora se juega en el mar. Las pruebas en el Mar Blanco, una zona relativamente protegida y poco transitada, permitirán a los ingenieros rusos evaluar la integración de los sistemas de propulsión nuclear con el lanzador del torpedo, así como la resistencia del casco a las presiones extremas que exige la misión. También será clave observar si el Khabarovsk realiza inmersiones profundas prolongadas, algo que podría indicar problemas técnicos o, por el contrario, una madurez operativa que acelere su entrada en servicio.

Los próximos meses serán determinantes para calibrar si el Poseidón pasa de ser una amenaza teórica a una realidad tangible. La comunidad de inteligencia occidental seguirá de cerca los movimientos del Khabarovsk, así como la posible construcción de un segundo buque de la misma clase, lo que confirmaría la intención rusa de mantener este programa a largo plazo. Para el ciudadano común, la lección es clara: la carrera armamentista no se limita a misiles y satélites; también se libra en las profundidades del océano, donde un solo artefacto podría redefinir las reglas del juego estratégico mundial.

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