Irán, Occidente y el tablero global: ¿hacia un nuevo orden o el caos definitivo?

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El declive de Occidente se acelera: EE.UU. improvisa su política hacia Irán, revelando una estrategia de asfixia económica sin rumbo. Análisis que expone la…

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La crisis del orden hegemónico occidental se profundiza mientras potencias como Estados Unidos insisten en imponer un modelo universal que ya no logra sostenerse, revelando una estrategia marcada por la improvisación y la presión económica, según análisis recientes sobre la política exterior hacia Irán.

En una entrevista entre el académico Glenn Diesen y Seyed Mohammad Marandi, exasesor del equipo negociador nuclear iraní, se evidenció que Teherán interpreta la ofensiva de Washington como una guerra de asfixia económica. Marandi subrayó que la administración estadounidense carece de una estrategia coherente, avanzando a golpes de improvisación y cambios constantes. Esta lectura trasciende la disputa bilateral y expone la confusión de una potencia que ya no domina con certeza el tablero internacional.

La demonización de Irán como el «villano» de Medio Oriente ha servido históricamente para justificar sanciones, aislamiento y presión militar indirecta. Sin embargo, el problema de fondo radica en que el relato dominante no tolera que un país desafíe el orden impuesto desde afuera y conserve su propio proyecto político. Occidente invoca democracia y derechos humanos, pero actúa con una lógica selectiva, etiquetando moralmente a naciones como Cuba, Venezuela, Corea del Norte o China según su conveniencia estratégica, sin considerar sus realidades particulares.

La teoría del «fin de la historia» de Francis Fukuyama, que auguraba el triunfo inevitable de la democracia liberal, ha quedado desbordada por una multipolaridad creciente. El mundo ya no gira alrededor de un solo centro de poder, y esa transición genera ansiedad en Occidente, que responde con más presión, propaganda y conflicto. En paralelo, el estrecho de Ormuz y actores como Omán y los hutíes configuran una red de tensiones conectadas donde energía, comercio y seguridad se entrelazan peligrosamente, mientras la guerra en Ucrania evidencia fracturas internas y corrupción cercana al poder.

La gran lección de esta coyuntura es incómoda: el orden hegemónico está en crisis porque quiso gobernar al mundo desde la superioridad moral y terminó multiplicando los conflictos. Cuando una potencia cree que su modelo es el único válido, deja de comprender al resto y abre la puerta a más resistencia, polarización y guerra. El problema no es que existan países que piensen distinto, sino que todavía hay potencias que no aceptan que el mundo ya cambió.

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