Lectura de la participación electoral: entre la apatía y el deber ciudadano
El voto dominicano en el exterior apenas moviliza al 19%, inflando la abstención nacional al 45.6%. Sin ese factor, la cifra real dentro del país baja a 41.4%…
La abstención electoral dominicana de 2024 alcanzó el 45.6 %, pero un análisis desagregado revela que el voto en el exterior, con una participación de apenas el 19 %, distorsiona al alza la cifra nacional, mientras que dentro del país la abstención fue del 41.4 %. La diferencia entre ambos porcentajes no es menor: obliga a mirar con cuidado qué se está midiendo cuando se habla de participación y qué factores explican realmente el ausentismo en las urnas.
El peso del padrón exterior ha crecido de manera sostenida. Representaba el 5.7 % del total en 2016, subió a 7.9 % en 2020 y alcanzó el 10.6 % en 2024. Con 863,784 inscritos fuera del país y una participación que ronda el 19 %, ese bloque de votantes —que enfrenta una realidad distinta a la de los residentes en territorio nacional— ejerce un peso creciente sobre el porcentaje general de abstención. En términos prácticos, una diáspora numerosa pero poco movilizada arrastra hacia arriba el promedio nacional, aunque su comportamiento responda a condiciones propias: distancia, logística, vínculos con la política local y calendarios electorales distintos.
Sin embargo, el factor externo no explica por sí solo el fenómeno. Incluso eliminando por completo el voto del exterior, la abstención interna se mantiene en 41.4 %. Es decir, cuatro de cada diez electores residentes en el país no acudieron a las urnas. Ese dato aísla la variable migratoria y deja al descubierto que el problema de fondo no se resuelve con un ajuste aritmético ni con una lectura centrada en la diáspora.
La evidencia más incómoda aparece en las elecciones municipales de 2024, donde no existe el componente exterior y, aun así, la abstención escaló hasta 53.33 %. Los comicios locales son, por definición, los más cercanos a la vida cotidiana de la gente: alcaldías, regidurías y distritos municipales que inciden en servicios básicos y convivencia. Que más de la mitad del electorado se quede en casa en esa instancia sugiere un deterioro y un descreimiento en el sistema de partidos que trasciende la variable migratoria.
El análisis sugiere que, si bien la baja participación de la diáspora infla la cifra nacional, atribuir el problema exclusivamente a los dominicanos en el exterior sería una conclusión apresurada. La desafección política dentro del territorio, reflejada en los comicios municipales, apunta a causas más profundas que requieren atención más allá del cálculo aritmético. Conviene observar, en ese sentido, cómo se traduce esa distancia en la relación entre ciudadanía y partidos, y si las reformas o discursos electorales logran revertir una tendencia que ya no puede explicarse solo por la geografía del voto.
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