Washington y Teherán negocian reapertura del estrecho de Ormuz
EE.UU. anuncia posible acuerdo “inminente” con Irán para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz y aliviar la tensión global.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó este jueves que un acuerdo con Irán para reabrir el estrecho de Ormuz al tránsito de buques comerciales podría lograrse "hoy o mañana", en un momento de máxima tensión en la región del Golfo Pérsico. La declaración, realizada ante medios internacionales, abre una ventana de optimismo en medio de una de las crisis de navegación más delicadas de las últimas décadas.
Durante su intervención, Bessent subrayó que la administración estadounidense mantiene canales de diálogo abiertos con Teherán y que las conversaciones avanzan hacia un entendimiento que garantice la libre navegación en una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo global. Esta vía, que conecta los principales productores de crudo de Oriente Medio con los mercados asiáticos y occidentales, es considerada un punto neurálgico para la estabilidad energética mundial.
El funcionario evitó detallar las condiciones específicas del posible pacto, pero insistió en que Washington está dispuesto a flexibilizar ciertas sanciones económicas si Irán garantiza la seguridad del tráfico comercial. Este matiz resulta clave para interpretar el alcance de las negociaciones: no se trataría de un levantamiento generalizado de las restricciones impuestas al régimen persa, sino de una relajación condicionada a compromisos verificables sobre la seguridad marítima.
Para los mercados internacionales, la sola posibilidad de un acuerdo tiene implicaciones inmediatas. Un estrecho de Ormuz operativo a plena capacidad reduciría los sobrecostos de flete y los seguros de riesgo bélico que han encarecido el transporte de crudo en las últimas semanas. Además, aliviaría la presión sobre los precios del petróleo, que suelen reaccionar con volatilidad ante cualquier señal de interrupción en esta ruta crítica.
Analistas internacionales consideran que un acuerdo de esta naturaleza no solo estabilizaría el flujo energético, sino que también reduciría el riesgo de un conflicto armado en la zona, un escenario que mantiene en vilo a las potencias occidentales y a los países del Golfo. Sin embargo, persisten dudas sobre la capacidad de ambas partes para sostener un entendimiento duradero, dado el historial de desconfianza mutua y los intereses contrapuestos en otros expedientes regionales, como el programa nuclear iraní o la influencia de Teherán en conflictos como el de Yemen y Siria.
Los próximos días serán decisivos para comprobar si las palabras de Bessent se traducen en hechos concretos. Mientras tanto, los operadores del mercado energético y las navieras internacionales observan con atención cualquier señal de avance en las conversaciones, conscientes de que una reapertura efectiva del estrecho tendría efectos dominó en la economía global, desde la factura energética de los países importadores hasta la inflación en los consumidores finales.
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