Turismo RD busca más ingresos por visitante: la nueva meta del sector
Turismo RD: ¿Récords sin ganancias? Un economista revela por qué el gasto por visitante se estanca y cuál es la clave para un crecimiento rentable.
El turismo dominicano enfrenta una paradoja estructural: el crecimiento sostenido en la llegada de visitantes no se traduce en un aumento proporcional del gasto por persona, un desequilibrio que el economista Nassim Alemany identifica como uno de los desafíos más urgentes para la sostenibilidad del sector. Mientras las estadísticas oficiales reflejan cifras récord de arribos internacionales, la derrama económica por turista permanece estancada o incluso retrocede en términos reales, lo que plantea interrogantes sobre la calidad y el valor del modelo turístico actual.
Este fenómeno, según Alemany, evidencia una dependencia excesiva del volumen como principal motor de crecimiento, sin que exista una estrategia clara para elevar el valor agregado de la oferta local. El país compite fundamentalmente por precio y capacidad hotelera, un enfoque que deja sin explotar segmentos de mayor rentabilidad como el turismo cultural, el de salud o el de lujo, que suelen generar ingresos significativamente superiores por visitante y promover estancias más prolongadas.
La falta de diversificación en los productos turísticos y la escasa integración de las comunidades locales en la cadena de valor profundizan la brecha entre el número de llegadas y la derrama económica efectiva. Cuando el turismo se concentra en paquetes de sol y playa con poco valor diferencial, los beneficios se diluyen y el impacto en las economías locales queda limitado, tanto en términos de empleo de calidad como de desarrollo de pequeñas y medianas empresas.
Para corregir esta tendencia, Alemany recomienda rediseñar las políticas de promoción internacional, priorizando mercados emisores con mayor poder adquisitivo y desarrollando experiencias personalizadas que incentiven estancias más largas y un consumo superior. Esto implica, además, una revisión de la oferta complementaria —gastronomía, cultura, naturaleza, bienestar— que permita al país posicionarse como un destino integral y no solo como una alternativa de alojamiento.
El reto, advierte el economista, no es atraer más turistas, sino atraer a los que gastan más. Para los lectores, esta distinción es clave: un modelo basado en la calidad del gasto tiene efectos directos en la generación de divisas, la estabilidad del empleo turístico y la capacidad del sector para financiar mejoras en infraestructura y servicios. En un contexto de competencia regional creciente, donde destinos como México, Jamaica o Bahamas también buscan reposicionarse, la diferenciación dejará de ser una opción y se convertirá en una condición para mantener la competitividad.
Conviene observar en los próximos meses si las autoridades y los actores privados del sector adoptan medidas concretas para reorientar la promoción turística, así como los datos de gasto promedio que se publiquen en las encuestas oficiales. La evolución de estos indicadores será determinante para evaluar si República Dominicana logra superar la trampa del volumen y avanzar hacia un turismo de mayor valor.
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