RD pierde terreno frente a China en una competencia que ya no da tregua
Capitales chinos controlan ya importación, distribución y venta final en RD, desplazando al empresariado local. Análisis del nuevo desequilibrio comercial.
Capitales chinos avanzan hacia el control total de la cadena comercial en República Dominicana, desplazando al empresariado local de eslabones clave como la importación, distribución y venta final, advierte un análisis sobre el creciente desequilibrio competitivo en el mercado dominicano.
Durante años, el modelo comercial con China parecía beneficioso para la economía dominicana: el país importaba miles de millones de dólares en mercancías que luego comerciantes, ferreteros, distribuidores e industrias locales colocaban en el mercado nacional. Aunque el producto era chino, la actividad económica generada —empleos, impuestos, transporte, almacenamiento y ventas— permanecía parcialmente en manos dominicanas. Ese esquema está cambiando aceleradamente, según el análisis. Los capitales chinos ya no se limitan a fabricar y exportar; ahora procuran controlar toda la cadena: producen en China, importan directamente, distribuyen en el país y venden al consumidor final mediante establecimientos administrados por ciudadanos chinos. El empresario dominicano, que antes participaba en alguno de esos eslabones, corre el riesgo de convertirse en espectador dentro de su propio mercado.
La diferencia no es una competencia convencional entre dos comerciantes. El empresario local compra a intermediarios, paga financiamiento a tasas dominicanas y cumple con salarios, prestaciones laborales, seguridad social, impuestos y demás obligaciones nacionales. Su competidor puede pertenecer a una estructura integrada que controla desde la fábrica de origen hasta la tienda donde se vende el producto. Esa diferencia permite operar con costos, financiamiento, inventarios y márgenes que difícilmente puede igualar una pequeña o mediana empresa dominicana. Cuando un mismo grupo fabrica, exporta, importa, distribuye y vende, incluso puede decidir en qué punto de la cadena declara sus beneficios, mientras el comerciante nacional no tiene dónde esconder sus costos.
El análisis señala que ya existen motivos suficientes para prestar atención. En abril de 2024, la Dirección General de Impuestos Internos y la Dirección General de Aduanas cerraron establecimientos pertenecientes a ciudadanos asiáticos por irregularidades tributarias, con transacciones que rondaban los RD$4,000 millones. Aunque no se puede juzgar a toda una comunidad empresarial por determinados casos, tampoco se puede ignorar una señal de semejante magnitud. Si esta tendencia continúa sin vigilancia, advierte el texto, desaparecerán empresas dominicanas que tardaron décadas en construirse, se perderán empleos formales, disminuirán las recaudaciones fiscales y sectores completos del comercio podrían depender de una cadena de suministro controlada desde el extranjero. El consumidor quizá reciba inicialmente precios más bajos, pero el país pagará después el costo de haber debilitado su aparato comercial e industrial.
El documento plantea que el Gobierno debe actuar antes de que el proceso sea irreversible, fiscalizando los valores declarados en Aduanas, verificando el pago real de impuestos, supervisando las relaciones entre fabricantes, importadores y comercios vinculados, exigiendo el cumplimiento laboral y revisando las prácticas que puedan constituir competencia desleal. Las mismas reglas deben aplicarse a todos, sin privilegios, excepciones ni persecuciones. También critica el silencio de Estados Unidos frente a esta situación, pese a que Washington solicita constantemente la cooperación dominicana en narcotráfico, migración, Haití, seguridad, telecomunicaciones y defensa de las instituciones democráticas. La amistad entre naciones debe implicar reciprocidad, concluye el análisis, que aclara que la República Dominicana no debe romper relaciones con China ni cerrar sus puertas al comercio, sino defender su mercado, exigir transparencia y garantizar que nadie compita con ventajas que las empresas dominicanas no poseen.
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