El infierno de Castellón arrasa 8.500 hectáreas y mantiene en jaque a 10.000 desalojados
La madrugada más larga del año en la provincia de Castellón se vivió entre el rugido de las llamas y el silencio angustioso de los evacuados. El incendio forestal que devora la zona desde hace tres días ha calcinado ya 8.500 hectáreas, según el último balance del operativo de emergencias, que trabaja con "moderado optimismo" ante una leve mejoría de las condiciones meteorológicas.
Sin embargo, el fuego mantiene desalojadas a unas 10.000 personas, que pasaron la noche en vela, pendientes de un parte de guerra que cambia cada hora. El perímetro del incendio supera ya los 48 kilómetros, una barrera de fuego que ha engullido masas forestales y ha puesto en riesgo varias localidades.
Las imágenes nocturnas mostraban un horizonte teñido de naranja y columnas de humo visibles a decenas de kilómetros. Pese a que las autoridades rebajaron ligeramente la cifra de desalojados respecto a las primeras horas —cuando se superaron los 15.000—, la orden de confinamiento o evacuación sigue vigente en ocho municipios.
Los equipos terrestres y aéreos han redoblado esfuerzos para contener el avance, especialmente en los flancos norte y oeste, donde el viento racheado y la baja humedad complican las labores. El "moderado optimismo" del que hablan los técnicos se sustenta en la estabilización de algunos frentes y en la previsión de que el viento rote al amanecer, alejando las llamas de núcleos urbanos.
No obstante, la superficie arrasada ya duplica la de los grandes incendios registrados en la última década en la Comunidad Valenciana. La prioridad absoluta sigue siendo la protección de vidas humanas, con un operativo que moviliza a más de 800 efectivos, entre bomberos, militares de la UME y voluntarios de Protección Civil.
Mientras los vecinos desalojados aguardan en polideportivos y albergues habilitados, la indignación por la gestión del riesgo y la falta de prevención forestal resuena entre los afectados. Las primeras investigaciones apuntan a causas humanas, aunque no se descarta ninguna hipótesis.
Este incendio, que ya es el más devastador del año en España, vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de abordar el cambio climático y la necesidad de políticas activas de gestión del monte. El fuego no da tregua, y Castellón arde mientras el país observa, esperando que el amanecer traiga consigo un respiro que, por ahora, parece lejano.