El fuego devora la sierra: 10.000 evacuados en Madrid y 8.000 confinados en Ávila
Las llamas avanzan sin tregua por el sistema Central. Dos focos activos, alimentados por el viento y la sequía extrema, han desatado el caos en las provincias de Madrid y Ávila.
Las autoridades han ordenado la evacuación de 10.000 personas en varios municipios de la sierra madrileña, mientras que otros 8.000 vecinos permanecen confinados en localidades abulenses, atrapados por el humo y la imposibilidad de transitar por carreteras cortadas. El incendio, declarado en la tarde del miércoles en la vertiente sur de la sierra, se propagó con velocidad inusitada.
En Madrid, las localidades de Cercedilla, Navacerrada y El Escorial han sido las más afectadas. Efectivos de la UME y de los bomberos de la Comunidad trabajan contrarreloj para contener un frente que ya ha calcinado más de 2.500 hectáreas.
“Es una pesadilla. El viento cambió de dirección y nos rodeó”, relata un vecino de Cercedilla mientras carga sus pertenencias en un vehículo.
En Ávila, la situación es igualmente crítica. El pueblo de Cebreros y varias urbanizaciones cercanas han sido confinados.
A las 8.000 personas se les ha ordenado no salir de sus casas y sellar puertas y ventanas. El humo denso ha reducido la visibilidad a menos de diez metros, y la calidad del aire es irrespirable.
Los hospitales de la zona han activado protocolos de emergencia ante el aumento de intoxicaciones por inhalación. Los datos confirman la magnitud del desastre.
Se han desplegado más de 300 efectivos terrestres, 12 medios aéreos y decenas de vehículos autobomba. La carretera M-604 permanece cortada, y se ha habilitado un centro de acogida en el pabellón deportivo de Villalba.
A pesar de los esfuerzos, las previsiones meteorológicas no son alentadoras: las temperaturas superarán los 38 grados y el viento de poniente seguirá avivando las llamas. Este nuevo episodio de incendios en pleno agosto evidencia la fragilidad de los ecosistemas de montaña y la urgencia de políticas de prevención.
España vive el peor registro de incendios de la última década: más de 70.000 hectáreas quemadas hasta julio. Mientras los equipos de extinción luchan codo a codo con el fuego, miles de familias esperan, entre la incertidumbre y el miedo, a que el viento dé una tregua.
La sierra arde, y con ella, la memoria de un verano que no da respiro.