El compliance no es un adorno: un manual eficaz debe decir cómo se cumple
Cumplimiento normativo en RD: ¿manual o simple lista? Experto revela cómo convertir obligaciones en estrategia y evitar sanciones.
Un programa de cumplimiento normativo no puede quedarse en un simple listado de obligaciones; debe definir con precisión cómo se implementarán, quién las ejecutará y qué evidencia respaldará cada acción. Así lo plantea el experto Roberto Mella Cohn, quien subraya que un manual efectivo trasciende la enumeración de deberes legales para convertirse en una guía operativa.
La reflexión de Mella Cohn llega en un momento en que las empresas dominicanas enfrentan un escenario regulatorio cada vez más exigente, con leyes como la 155-17 contra el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo, así como normativas sectoriales que imponen estándares más rigurosos de transparencia. En este contexto, contar con un manual de compliance no es un requisito burocrático, sino una herramienta estratégica que puede marcar la diferencia entre operar con seguridad jurídica o exponerse a sanciones y daños reputacionales.

En su análisis, el documento debe detallar los procedimientos específicos, asignar responsabilidades claras a cada área o individuo, y establecer cronogramas que garanticen la ejecución oportuna de las medidas. Esta precisión operativa es clave para evitar que las políticas queden en declaraciones de buenas intenciones. Un manual que no especifica quién hace qué, cuándo y con qué recursos, difícilmente podrá implementarse de manera consistente en la práctica diaria de la organización.
Además, el especialista enfatiza la necesidad de definir los flujos de información necesarios para monitorear el cumplimiento y los mecanismos de conservación de registros. Esta evidencia documental no solo facilita auditorías internas, sino que también sirve como respaldo ante eventuales revisiones regulatorias o disputas legales. En un entorno donde las autoridades financieras y tributarias han intensificado sus labores de supervisión, la trazabilidad de las acciones de cumplimiento se convierte en un activo invaluable para demostrar diligencia debida.
La propuesta de Mella Cohn apunta a que el compliance deje de ser un ejercicio teórico y se convierta en una herramienta práctica y auditable, capaz de adaptarse a la dinámica empresarial y de demostrar, con datos concretos, el compromiso real de la organización con la legalidad y la ética corporativa. Para los directivos y oficiales de cumplimiento, esto implica un cambio de mentalidad: pasar de ver el manual como un documento estático que se archiva, a entenderlo como un sistema vivo que requiere actualización constante y revisión periódica.
Los próximos meses serán reveladores para observar cómo las empresas del país internalizan estas recomendaciones. La clave estará en la voluntad de las gerencias de asignar recursos reales a estas funciones, en la capacitación continua del personal y en la creación de una cultura organizacional donde el cumplimiento no se perciba como un obstáculo, sino como un valor que protege la sostenibilidad del negocio a largo plazo.
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