La localidad patagónica que diseñó su propio aislamiento para frenar el hantavirus
“La sombra del hantavirus: ¿un brote en el crucero Hondius revivirá la tragedia de Epuyén?”
Mailén Valle tenía 25 años cuando perdió a su padre, Aldo Valle, y a sus dos hermanas en un brote de hantavirus que se propagó entre personas en Epuyén, una pequeña localidad andina de la Patagonia argentina. Ocho años después, los contagios detectados en un crucero volvieron a poner en primer plano aquella tragedia que marcó a una comarca entera. “Perder a mi papá y a mis dos hermanas en menos de un mes…”, dice hoy, con 33 años, antes de interrumpirse. Para poder hablar, preparó un texto: “Nadie estaba preparado para ver cómo en cuestión de días una mesa familiar quedaba vacía”.
El nuevo foco se vinculó al crucero Hondius, que zarpó de Ushuaia y quedó bajo observación por un brote de hantavirus asociado a una pareja de neerlandeses que viajó por Argentina. La situación devolvió la atención a Epuyén, un pueblo de unos 2.400 habitantes donde entre diciembre de 2018 y marzo de 2019 se registraron 34 casos y 11 muertes. En esa zona, el virus es endémico y forma parte de la memoria cotidiana de sus pobladores.
Según recuerda Mailén, su padre enfermó después de asistir a un cumpleaños en ese pueblo a orillas de un lago, en la comarca del paralelo 42. “La persona con el virus estaba justo en la misma mesa de mi papá. Y en esa mesa hubo varios contagios y personas fallecidas”, relata. El velorio de Aldo Valle también terminó convirtiéndose en un punto de propagación, y pocos días más tarde se enfermaron sus hijas. La primera murió “en cuestión de horas”, cuenta Mailén; a la segunda “la tuvimos que llevar al cementerio sin poder velarla”.
El hantavirus Andes se transmite por contacto con orina, heces o saliva de roedores infectados, y en la Patagonia argentina y chilena el principal vector es el ratón colilargo. Jorge Díaz, epidemiólogo de la Secretaría de Salud de Chubut y parte del equipo que respondió al brote de Epuyén, explicó a la AFP que en 2018 todavía había un conocimiento limitado sobre la enfermedad. La transmisión entre personas había sido detectada por primera vez en 1996 en El Bolsón y luego quedó confirmada en Epuyén.
La respuesta sanitaria incluyó el aislamiento obligatorio de un centenar de personas, una medida que anticipó en un año las restricciones que después impondría la pandemia de covid-19. “Se implementó la cuarentena, que obligó a los contactos de una persona positiva a aislarse por 45 días”, señaló Díaz. A partir de esa experiencia, el llamado “aislamiento selectivo” pasó a integrar el protocolo: hoy, cuando aparece un caso de hantavirus Andes, se indica o recomienda el aislamiento de los contactos.
En la comarca, la convivencia con “el hanta” forma parte de la vida diaria: se ventilan galpones y se limpia con lavandina para reducir el riesgo de exposición al colilargo. Pero el brote de hace ocho años dejó una herida más profunda, porque el peligro ya no era solo el roedor sino también la cercanía entre vecinos. “Nos sentíamos muy discriminados”, resume Mailén. Isabel Díaz, de 53 años, también vivió esa estigmatización: su padre, Víctor Díaz, fue señalado como el “paciente cero”, una etiqueta que la familia rechaza. “No tiene culpa de haberse enfermado. Porque sos de Epuyén, porque sos el caso cero, o porque sos la hija de”, dice. “Uno no busca enfermarse y mucho menos contagiar, mucho menos perder a una madre”.
Víctor Díaz, que sobrevivió al hantavirus, a la pandemia y a dos incendios forestales consecutivos en los veranos de 2025 y 2026, sigue viviendo en sus 15 hectáreas de bosque patagónico, en las afueras de Epuyén. La ruta 40 muestra hoy casas destruidas, árboles calcinados y, entre ellos, plantas de rosa mosqueta con frutos rojos; donde el fuego no llegó, las lengas tiñen de rojo y naranja las laderas. “Y me empezó a salir como una mancha morada”, recuerda sobre la enfermedad. “Ese mismo día perdí el conocimiento”. Su hija sintetiza la resistencia familiar con una frase tajante: “A nosotros no nos van a contar lo que es vivir la vida y seguir adelante”.
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