Wimbledon dispara sus precios: la entrada más cara de la historia del torneo
Wimbledon 2025 bate récord: la final supera las £400 por primera vez. Un 14% más cara, la demanda global y los costos disparan el precio. ¿Llegará el tenis a…
La final de Wimbledon marcará un hito en 2025 al superar por primera vez la barrera de las 400 libras esterlinas (465 euros) en el precio de sus entradas, un incremento del 14% respecto al torneo anterior. El All England Club confirmó este ajuste tarifario, que sitúa el acceso a la jornada decisiva del campeonato en 405 libras para los asientos de la categoría estándar, una decisión que reconfigura el acceso al torneo más prestigioso del circuito de hierba.
La subida responde a la creciente demanda global y a los costos operativos del evento, considerado el más prestigioso del circuito de hierba. Este aumento no ocurre en el vacío: Wimbledon ha experimentado una escalada sostenida de precios en los últimos años, impulsada por la expansión de su audiencia internacional, los contratos televisivos y la competencia con otros grandes torneos como el Abierto de Australia o Roland Garros, que también han ajustado sus tarifas al alza para captar ingresos en un mercado deportivo cada vez más lucrativo.

Los organizadores defendieron la medida señalando que los ingresos adicionales se reinvertirán en infraestructura y en el desarrollo del tenis base en Reino Unido. En concreto, el club ha señalado que estos fondos permitirán mejorar las instalaciones de entrenamiento, ampliar programas juveniles y sostener competiciones locales, un argumento que busca equilibrar la percepción de elitismo con un beneficio social a largo plazo. Sin embargo, la decisión ha generado críticas entre aficionados habituales, quienes consideran que el torneo se aleja cada vez más del público general.
Para el aficionado promedio, el impacto es doble: por un lado, asistir a la final se convierte en un desembolso considerable que puede superar fácilmente las 500 libras si se incluyen transporte, alojamiento y alimentación en Londres durante la quincena del torneo. Por otro, el encarecimiento progresivo de las entradas estándar contrasta con la oferta VIP, que ya supera las 1.200 libras por jornada, ampliando la brecha entre el espectador ocasional y el segmento corporativo que domina las gradas en los días decisivos.
Las entradas para la final femenina y masculina, que se disputarán el 12 y 13 de julio, saldrán a la venta en marzo mediante el sorteo público tradicional, un mecanismo que busca mantener cierta equidad en el acceso. No obstante, la demanda global supera ampliamente la oferta: cada año se reciben solicitudes de cientos de miles de personas para un número limitado de localidades, lo que convierte al sorteo en una lotería y empuja a muchos a recurrir al mercado secundario, donde los precios pueden multiplicarse por tres o cuatro veces su valor oficial.
De cara a los próximos meses, conviene observar si esta política tarifaria se extiende a otras rondas del torneo o si el club introduce categorías intermedias más asequibles. También será relevante evaluar la respuesta del público en la venta de marzo y si la presión mediática obliga a ajustes de última hora. Por ahora, Wimbledon se mantiene firme en su estrategia de premiumización, un camino que otros grandes eventos deportivos ya han transitado, pero que plantea un dilema persistente: cómo preservar la tradición y la accesibilidad mientras se maximizan los ingresos en un entorno cada vez más comercializado.
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