Turismo en RD: Expresidente de Asonahores alerta sobre los retos que amenazan al sector

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Turismo RD: ¿líder o en riesgo? Experto de Asonahores revela las claves para no perder el tren. Capital humano, tecnología y sostenibilidad son el nuevo reto.

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La República Dominicana enfrenta una encrucijada en su principal industria: mantener el liderazgo turístico regional ya no dependerá solo de la llegada de visitantes o la construcción de nuevos hoteles, sino de transformaciones profundas en capital humano, tecnología y sostenibilidad. Así lo advirtió el expresidente de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores), Enrique de Marchena, durante una conferencia en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (Unphu), donde trazó un diagnóstico sobre los retos estructurales que podrían frenar el crecimiento del sector si no se abordan con urgencia.

En su ponencia “Evolución de la industria turística de la República Dominicana: hoy, antes y después”, organizada por la Escuela de Derecho y la Escuela de Negocios de la Unphu, De Marchena subrayó que el turismo dominicano ha dejado de ser una actividad económica aislada para convertirse en un ecosistema que dinamiza prácticamente todos los sectores productivos del país. Esta visión integral resulta clave para entender por qué las decisiones que se tomen en los próximos años tendrán un efecto multiplicador en empleos, inversión y desarrollo regional.

Las cifras presentadas respaldan esa dimensión estratégica. Según datos del World Travel & Tourism Council (WTTC), el sector aportó más de US$21,000 millones al PIB en 2025, lo que representa un 16.6 % de la economía nacional y sostiene más de 882,000 empleos. Estas magnitudes convierten al turismo en un pilar macroeconómico cuya salud no solo interesa a empresarios hoteleros, sino a cada hogar dominicano que depende, directa o indirectamente, de la cadena de valor turística.

El también abogado atribuyó este crecimiento a una combinación de factores: la alianza público-privada, la estabilidad institucional, la expansión de la conectividad aérea y el arribo de franquicias hoteleras internacionales. Esos elementos han consolidado al país como el segundo destino turístico de América Latina, un logro que, sin embargo, no garantiza la permanencia en esa posición. De Marchena insistió en que el éxito futuro dependerá de enfrentar desafíos estructurales que hoy permanecen sin resolver: la formación técnica del personal, la adopción de inteligencia artificial, el mejoramiento del transporte entre polos turísticos, la sostenibilidad ambiental y la regulación de las plataformas de renta corta para asegurar una competencia leal con la hotelería tradicional.

El llamado del expresidente de Asonahores llega en un momento en que el turismo mundial se reconfigura aceleradamente, con viajeros más exigentes en materia de experiencias auténticas y prácticas responsables. Para el lector dominicano, estas advertencias implican un cambio de enfoque: el crecimiento no debe medirse únicamente por cifras de visitantes o ingresos, sino por su capacidad de beneficiar a más comunidades y de preservar los recursos naturales que sustentan la principal industria del país. La afirmación de De Marchena —“el turismo dominicano es, antes que cualquier cifra, una historia de gentes”— resume una filosofía que, de aplicarse, podría marcar la diferencia entre un crecimiento sostenido y uno que deje a muchos actores fuera del reparto de beneficios.

De cara al futuro, conviene observar cómo el sector privado y el Gobierno traducen estos desafíos en políticas concretas. La formación técnica, la digitalización de los servicios turísticos y la regulación de nuevas plataformas serán indicadores de si el país está dispuesto a dar el salto cualitativo que exige el escenario global. La advertencia de De Marchena no es un pronóstico pesimista, sino una hoja de ruta para que la industria no pierda el tren de la competitividad en un mercado cada vez más disputado.

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