Trump desmantela las reglas del auto limpio y apaga el impulso federal a los eléctricos

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La administración de Donald Trump puso fin este sábado a las normas de economía de combustible que, según el propio presidente, estaban diseñadas para acelerar la transición hacia los vehículos eléctricos. La medida, presentada como una victoria para los consumidores y la industria, supone un giro radical en la política ambiental y automotriz de Estados Unidos.

Trump anunció que las nuevas normas quedaron finalizadas el sábado. En la práctica, reemplazan los estándares más exigentes que buscaban reducir el consumo de gasolina y forzar a los fabricantes a vender más autos híbridos y eléctricos. La Casa Blanca sostiene que la regulación anterior encarecía los vehículos, limitaba la oferta y castigaba a los modelos de combustión que siguen dominando las ventas. Con el cambio, el gobierno federal abandona su papel de promotor directo de la movilidad eléctrica.

El impacto será considerable. Las armadoras habían invertido miles de millones de dólares en plantas de baterías, plataformas eléctricas y cadenas de suministro, siguiendo las señales regulatorias de Washington. Ahora deberán recalcular sus planes. Para los críticos, flexibilizar la economía de combustible retrasará la adopción de vehículos eléctricos, aumentará el consumo de petróleo y dificultará el cumplimiento de metas climáticas. También advierten que los consumidores podrían enfrentar precios de gasolina más volátiles y menos opciones limpias en el mediano plazo.

Los defensores de la medida argumentan que el mercado, no el gobierno, debe decidir la velocidad del cambio tecnológico. Señalan que los vehículos eléctricos siguen siendo más caros y que la infraestructura de carga es insuficiente en amplias zonas del país. La industria automotriz, dividida, había pedido en los últimos años mayor previsibilidad regulatoria, no bandazos. Con esta decisión, la transición energética del automóvil deja de ser una prioridad federal y pasa a depender de estados, ciudades y empresas.

El anuncio no cierra el debate. Estados liderados por demócratas, grupos ambientalistas y algunos fabricantes podrían impugnar las normas en tribunales. California y otros estados tienen facultades para mantener reglas más estrictas, lo que anticipa una nueva batalla legal y política. Mientras tanto, el mensaje de Washington es claro: la era del auto limpio como objetivo federal se apaga, al menos por ahora. La pregunta ya no es si Estados Unidos frenará su transición eléctrica, sino cuánto terreno perderá frente a China y Europa en la carrera por el vehículo del futuro.