Santiago exige respuesta: protestas por abandono de la vía que une el Cibao
Pinalito se rebela: exigen terminar carretera tras 8 años de abandono. Residentes paralizan labores y advierten lucha hasta que el Gobierno complete los 6.7 km.
Decenas de residentes, comerciantes, transportistas y líderes comunitarios de la sección Pinalito, en el distrito municipal Caimito, provincia Santiago, paralizaron este miércoles sus actividades para exigir la terminación de la carretera principal de la zona, una obra que lleva ocho años en espera y cuyo asfaltado de 6.7 kilómetros permanece inconcluso.
Bajo la consigna "Sin terminación de la carretera, ¡habrá rebelión!", los manifestantes recorrieron las calles con pancartas y advirtieron que mantendrán un plan de lucha hasta que el Gobierno complete los trabajos. La protesta refleja el hartazgo de una comunidad que ha visto pasar múltiples gestiones sin que se materialice una promesa de infraestructura vital para su desarrollo económico y social.
La directora del distrito municipal, Francia Peralta, respaldó la protesta y señaló que la obra figura en el presupuesto estatal, pero no ha sido ejecutada en su totalidad. "Esta no es una protesta para hacer daño, sino para reclamar los derechos que nos corresponden como ciudadanos", expresó, y pidió al presidente Luis Abinader atender las demandas. Sus declaraciones ponen de relieve una contradicción recurrente en el país: proyectos que aparecen asignados en los documentos oficiales pero que nunca llegan a concretarse en el terreno.
El subdirector de la junta distrital, Anselmo Lora, explicó que los trabajos comenzaron hace tres años, pero fueron abandonados sin concluir. Este tipo de paralizaciones, frecuentes en obras públicas dominicanas, suele responder a problemas de financiamiento, deficiencias en la planificación o falta de supervisión, y termina afectando directamente la calidad de vida de las comunidades que dependen de esas vías para transportar productos, acceder a servicios básicos o trasladarse a centros urbanos.
Residentes como Iris Rosario denunciaron la mala calidad del asfalto en los tramos intervenidos, señalando que el espesor es insuficiente y ya presenta deterioro. El profesor Kelvin Rodríguez, por su parte, rechazó declaraciones oficiales que aseguraban que las calles estaban completamente asfaltadas, calificándolas de "alejadas de la realidad". Estas denuncias evidencian no solo el abandono, sino también la brecha entre los informes gubernamentales y lo que realmente observan los ciudadanos en su entorno cotidiano.
Los manifestantes advirtieron que no cesarán las protestas hasta que las autoridades concluyan la vía y atiendan otras necesidades de la comunidad, que también reclama inversiones derivadas de las infraestructuras hidroeléctricas operantes en la zona. Esta exigencia adicional apunta a un reclamo de justicia distributiva: las comunidades que albergan proyectos energéticos de gran escala suelen esperar contrapartidas en obras sociales y de conectividad que rara vez llegan con la misma celeridad que los beneficios empresariales.
El caso de Pinalito se suma a un patrón de conflictos comunitarios en el Cibao y otras regiones del país, donde la falta de mantenimiento vial y la lentitud en la ejecución de proyectos presupuestados generan tensiones sociales crecientes. La respuesta del Gobierno ante esta protesta será clave para medir su disposición a cumplir compromisos pendientes y evitar que el descontento se extienda a otras demarcaciones con situaciones similares.
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