Robert Redford advirtió sobre los remakes: este clásico de los 70 sigue siendo incanjeable
Redford blindó sus clásicos: en 2011 sentenció que ‘El candidato’ no tendría secuela. ¿Por qué rechazó los remakes de ‘Dos hombres y un destino’ y ‘Tal como…
Robert Redford fue tajante en 2011, durante el Festival de Sundance que él mismo fundó: "Hay algunas películas que es mejor no rehacer". Con esa frase zanjó los rumores sobre una posible secuela de 'El candidato' (1972), un clásico del cine político que, según el actor y director, ya había cumplido su ciclo. Pero su negativa no se limitó a ese título: también descartó tocar otros dos iconos de su filmografía, 'Dos hombres y un destino' y 'Tal como éramos', argumentando que eran obras que convenía dejar tranquilas.
La postura de Redford adquiere especial relevancia en una era dominada por la nostalgia industrial. Los estudios de Hollywood recurren cada vez más a remakes, secuelas y reinicios de propiedades conocidas como estrategia de bajo riesgo financiero, en detrimento de la originalidad. La declaración del actor, realizada en el contexto del prestigioso festival que él creó en 1981 para impulsar el cine independiente, se erige como un recordatorio de que no toda historia necesita una segunda vida en pantalla, especialmente cuando la primera ya dijo lo esencial.
Dirigida por Michael Ritchie, 'El candidato' retrata la transformación de Bill McKay, un abogado idealista que acepta postularse al Senado con la certeza de que perderá, lo que le permite hablar sin filtros. Irónicamente, esa honestidad radical lo lleva a la victoria, pero a costa de que su equipo político le pula el discurso y le ensaye las respuestas, diluyendo su esencia. El guion de Jeremy Larner le valió el Oscar al mejor guion original, y la cinta se convirtió en la pieza más relevante de la trilogía que Redford imaginó sobre "las historias que hay debajo de las historias", iniciada con 'El descenso de la muerte' y que nunca se completó.
La vigencia de 'El candidato' resulta inquietante para el espectador contemporáneo. Las campañas políticas modernas, hipermediatizadas y gestionadas por estrategas que moldean cada declaración pública, reflejan con precisión el proceso de vaciamiento ideológico que la película denunció hace más de cinco décadas. La cinta funciona así como un espejo incómodo: la autenticidad inicial del candidato se sacrifica en el altar del poder, y el público reconoce en esa dinámica los patrones actuales de la comunicación política, donde la imagen y el mensaje calculado suelen pesar más que las convicciones.
El propio Redford intentó darle continuidad al personaje décadas después. Junto al director Rod Lurie, con quien colaboró en 'La última fortaleza', desarrolló un borrador final que seguía a McKay convertido en expresidente, asesorando a un nuevo candidato que habría interpretado Denzel Washington o George Clooney. El proyecto, sin embargo, nunca pasó de esa etapa. Así, 'El candidato' permanece intacta como un espejo incómodo de la política contemporánea, donde la autenticidad inicial se sacrifica en el altar del poder.
Para los lectores interesados en el cruce entre cine y política, la negativa de Redford ofrece una lección sobre la integridad artística frente a las presiones comerciales. También invita a revisitar una obra que, sin efectos especiales ni grandes escenarios, sigue explicando mejor que muchos documentales los mecanismos ocultos de la persuasión electoral. En tiempos de polarización y desconfianza institucional, el clásico de 1972 no solo se mantiene vigente: se vuelve indispensable.
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