Sánchez justifica su silencio ante Marruecos: “La prudencia evita errores en Ceuta
Sánchez defiende su gestión en Ceuta y marca líneas rojas con Marruecos, evitando culpar a Rabat sin pruebas sólidas.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, defendió este jueves ante el pleno del Congreso su gestión de la crisis migratoria de Ceuta y rechazó señalar a Marruecos como responsable sin contar con "hechos sólidos", en una comparecencia marcada por la presión de la oposición y el escrutinio de sus propios socios parlamentarios.
Durante su intervención, Sánchez insistió en que su Ejecutivo mantiene una política de "buena vecindad" con Rabat, pero subrayó que esta se sostiene sobre "líneas rojas" claras, entre las que citó expresamente la defensa de la soberanía de Ceuta y Melilla. El mandatario aseguró que no tiene "la mínima intención de desencadenar un conflicto diplomático de primer orden" con el país vecino, aunque garantizó que, cuando se aclaren los indicios, su Gobierno responderá "de manera contundente".
La crisis, desencadenada por la entrada de más de 70.000 personas a nado desde Marruecos a finales de julio, ha elevado la tensión política en España a niveles poco vistos en los últimos años. Sánchez calificó la situación de "grave, muy grave", pero rechazó lo que denominó "discursos matonistas de patio de colegio" y defendió la "prudencia, sentido común y templanza" como ejes de su estrategia. Estas declaraciones buscan contrarrestar las críticas que lo acusan de debilidad frente a Rabat, en un momento en que la presión migratoria en las fronteras españolas se ha convertido en un tema central del debate público.
El presidente no escatimó dardos contra sus adversarios políticos. Arremetió contra el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, por su "oportunismo" y "cinismo", y contra el dirigente de Vox, Santiago Abascal, por intentar "enturbiar" la crisis. En un giro retórico dirigido a desmontar la narrativa de la derecha, Sánchez recordó que el expresidente Mariano Rajoy calificó a Marruecos de "socio" y "amigo" en 2017, mientras que ahora se acusa a su Gobierno de ser "vendido". Esta comparación busca evidenciar lo que considera una doble vara de medir en el tratamiento de las relaciones bilaterales con el reino alauí.
La comparecencia de Sánchez se produce en un contexto de alta sensibilidad diplomática. Las relaciones entre Madrid y Rabat han oscilado históricamente entre la cooperación y la fricción, y episodios como el de Ceuta ponen de manifiesto la fragilidad de un equilibrio que depende tanto de la voluntad política como de factores geopolíticos más amplios. Para el lector, la clave está en observar si la estrategia de "prudencia" del Ejecutivo español logra evitar una escalada sin que ello se traduzca en una percepción de cesión ante Marruecos, especialmente en un momento en que la opinión pública española sigue de cerca cualquier movimiento en torno a la soberanía de sus ciudades autónomas en el norte de África.
Conviene seguir de cerca tres elementos en los próximos días: la evolución de los "indicios" que mencionó Sánchez y que podrían derivar en una respuesta más firme, la reacción de Rabat ante las declaraciones del presidente español, y el impacto que esta crisis tenga en la estabilidad del bloque de investidura, donde partidos como ERC o Bildu podrían condicionar su apoyo a la política exterior del Gobierno. La defensa cerrada de la integridad territorial que hizo Sánchez, garantizando que protegerá Ceuta y Melilla "con toda la fuerza del Estado", sienta un precedente discursivo que sus socios parlamentarios ya han comenzado a medir con lupa.
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