Reino Unido lidera un frente europeo contra los asentamientos israelíes y desafía a Washington

Londres ha dejado de ser un simple eco de París para convertirse en el motor de una presión diplomática inédita contra la política de asentamientos de Israel en Cisjordania. El giro, impulsado por el nuevo liderazgo británico, marca una ruptura con la tradicional alineación estadounidense y sacude los cimientos de la relación transatlántica.

La decisión del gobierno de Keir Starmer de respaldar activamente sanciones selectivas contra colonos extremistas y de impulsar una declaración conjunta en el Consejo de Seguridad de la ONU ha tomado por sorpresa a la administración estadounidense, que hasta ahora había vetado cualquier medida que pudiera debilitar al gabinete de Benjamin Netanyahu. Según fuentes diplomáticas, el Reino Unido ha coordinado con Francia, España y Alemania un documento que exige el cese inmediato de la expansión colonizadora, considerada ilegal bajo el derecho internacional.

El cambio es notable. Durante décadas, Londres siguió la estela de París en esta materia, sin asumir un papel protagónico por temor a dañar su relación especial con Washington.

Pero la crisis humanitaria en Gaza y la expansión récord de asentamientos —más de 12.000 nuevas viviendas aprobadas en el último año— han alterado el cálculo político. “Ya no podemos callar mientras se socava la solución de dos estados”, declaró un portavoz del Foreign Office.

“La posición histórica del Reino Unido es clara: los asentamientos son un obstáculo para la paz”. El enfrentamiento con la Casa Blanca es evidente.

Funcionarios estadounidenses han expresado en privado su malestar por la “falta de coordinación” y advierten que estas acciones podrían complicar las negociaciones sobre un acuerdo más amplio en Oriente Medio. Sin embargo, los países europeos consideran que la paciencia estratégica se ha agotado.

Datos recientes de la ONU revelan que la población de colonos en Cisjordania supera ya las 700.000 personas, un incremento del 15% desde 2020. Para muchos analistas, la medida británica busca reconstruir la credibilidad europea como actor imparcial y presionar a Israel sin esperar a que un eventual cambio de gobierno en Estados Unidos modifique el tablero.

Este nuevo pulso tiene implicaciones profundas. Por un lado, debilita el consenso occidental que durante años ha blindado a Israel en los foros internacionales.

Por otro, alimenta las tensiones internas en la coalición de gobierno israelí, donde los partidos de extrema derecha ya han amenazado con romper la coalición si se cede a las presiones. En el horizonte, la decisión británica podría abrir la puerta a que otros aliados de Israel en Europa, como Hungría o Austria, queden aislados.

Pero también corre el riesgo de acelerar una fractura geopolítica: una Europa más asertiva y un Estados Unidos atrapado entre su alianza histórica y su interés por preservar el orden internacional que él mismo ayudó a construir. La pregunta ya no es si Europa presionará a Israel, sino hasta dónde está dispuesta a llegar sin mirar atrás.

Publicado por HPD Soluciones Integrales.