PSOE y Sumar pactan in extremis dividir el ‘decreto Maricarmen’ mientras la acampada de Sol desafía al Gobierno
El acuerdo llegó cuando el reloj ya marcaba la prórroga. PSOE y Sumar cerraron anoche un pacto de última hora para dividir en dos el llamado ‘decreto Maricarmen’ de vivienda, una operación de urgencia que evita el colapso parlamentario de un paquete normativo que se había convertido en campo de batalla política y social. A la misma hora, a pocos metros del Congreso, la acampada de la Puerta del Sol seguía creciendo al calor de la manifestación contra los desahucios que desató el caso de Maricarmen.
La fórmula acordada consiste en escindir el texto original en dos bloques: uno dedicado a las medidas más urgentes contra los desahucios y para ampliar el parque de vivienda social, y otro para el resto de reformas regulatorias. El objetivo es que la parte socialista salve su tramitación con apoyos suficientes y que Sumar pueda exhibir concesiones concretas. Las negociaciones se prolongaron hasta el último minuto y estuvieron a punto de romperse por las diferencias sobre los plazos y el alcance de la protección a los inquilinos. Fuentes de ambos grupos admiten que la división no satisface a todos, pero evita una derrota parlamentaria que habría debilitado al Ejecutivo.
El ‘decreto Maricarmen’ nació tras el caso de Maricarmen, una vecina que estuvo a punto de perder su casa y cuya historia encendió las calles. Desde entonces, colectivos antidesahucios, sindicatos de inquilinos y plataformas vecinales han exigido una respuesta legislativa que frene los lanzamientos y regule los alquileres. El texto original incluía una veintena de medidas, entre ellas la prórroga de la suspensión de desahucios para hogares vulnerables y la creación de un fondo de alquiler asequible. La división en dos textos obligará a un nuevo calendario parlamentario: el primero se votará en las próximas semanas y el segundo quedará para el próximo periodo de sesiones.
La acampada en la Puerta del Sol, que comenzó tras la manifestación contra los desahucios, mantiene asambleas diarias, turnos de vigilancia y una cocina popular. Los participantes exigen la paralización de todos los desahucios, la dación en pago retroactiva y la declaración de emergencia habitacional. La protesta, que ya se extiende a otras ciudades, se ha convertido en un nuevo símbolo de la crisis de vivienda. Mientras el Gobierno intenta desactivar la presión social con gestos hacia los colectivos, la acampada no piensa levantarse.
El pacto in extremis entre PSOE y Sumar evita, por ahora, una derrota parlamentaria, pero no resuelve el fondo del conflicto. La vivienda se ha convertido en el eje de la legislatura y en el termómetro de la calle. La Puerta del Sol, ocupada día y noche, recuerda que la política de urgencias no basta cuando el problema es estructural. El caso Maricarmen ha puesto rostro a una emergencia que ya no admite más prórrogas.