La Revolución Dominicana del 30: Un giro histórico que cambió el curso de la nación.

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“El día final de Trujillo: un dictador que vivió por sus reglas y murió por ellas. ¿Qué sucedió en la noche del 30 de mayo de 1961?”

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La vida de Rafael Leonidas Trujillo, el dictador dominicano, estaba marcada por una rutina estricta y disciplinada. Cada detalle de su vestimenta y comportamiento enviaba un mensaje claro sobre sus planes y prioridades. La noche del 30 de mayo de 1961, Trujillo se vistió con su uniforme militar verde olivo, lo que indicaba que iba a regresar a su natal San Cristóbal, con destino a la Hacienda Fundación, donde le esperaba una doncella que había sido citada para pasar la noche en su lecho.

Según los testimonios de historiadores como Víctor Gómez Bergés, Juan Daniel Balcácer, Roberto Cassá, Bernardo Vega, José Del Castillo, Euclides Gutiérrez Félix, José Miguel Ángel Soto Jiménez y Joaquín Balaguer, entre otros, Trujillo comenzó su último día como era costumbre en él. Amaneció en la Estancia Radhamés, su residencia oficial, dentro de los terrenos que hoy conocemos como Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, en la avenida Máximo Gómez, cerca de la biblioteca nacional. Despertó cerca de las 5 de la mañana y recibió informes de inteligencia.

Trujillo se dirigió a la Base Aérea de San Isidro, donde se molestó con el Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, General José René Román Fernández, alias Pupo, por un charco de agua que se encontró en la entrada, debido a un descuido de una llave averiada que no había sido reparada. A continuación, se dirigió al Palacio Nacional, donde recibió funcionarios, tuvo reuniones con diversas personalidades y despachó asuntos de Estado con el Presidente Joaquín Balaguer.

Entre otros detalles, Trujillo compartió un almuerzo con un grupo de amigos, incluido el Dr. Miguel Ángel Báez Díaz, donde expresó su intención de ir a San Cristóbal esa noche. Después del almuerzo, se dirigió a la Estancia Ramfis, su residencia habitual, y luego visitó a su madre, doña Julia Molina, quien vivía en los terrenos que hoy ocupa la Universidad APEC.

Trujillo se dirigió al malecón, en el área de Güibia, donde se montó en su vehículo y decidió volver a la Base Aérea de San Isidro para inspeccionar el desperfecto de la llave rota. Al ver que la llave permanecía sin repararse, se enfureció y abandonó el lugar. A las 9 de la noche, partió con destino a San Cristóbal, sin imaginar que la muerte le acechaba.

La conjura para asesinar a Trujillo se organizó con rapidez y eficacia, con la participación de figuras como Antonio de la Maza, Antonio Imbert Barreras, Roberto Pastoriza, Huascar Tejeda Pimentel, Pedro Livio Cedeño, Amado García Guerrero y Salvador Estrella Sahdalá. El Teniente Amado García Guerrero, de solo 29 años, era el más joven de los participantes y miembro del cuerpo de ayudantes militares de Trujillo.

Minutos después de pasar la zona de la Feria Ganadera, Trujillo fue interceptado por sus verdugos, quienes lo abrieron fuego y lo hirieron gravemente. Trujillo intentó escapar, pero finalmente se desmontó del vehículo y se acercó a Antonio de la Maza, quien le disparó en la cara, provocando su caída al suelo.

Fuente original: consultar publicación original.

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