La conspiración que marcó el fin de la Era de Trujillo: los detalles inéditos del complot
Papeles secretos de la CIA implican a EE.UU. en el magnicidio de Trujillo: armas y complot revelados.
Documentos desclasificados de la CIA revelan que la agencia estadounidense no solo estaba al tanto del complot para asesinar al dictador Rafael L. Trujillo, sino que además suministró tres armas al grupo conspirador, un “aporte simbólico” que la involucra directamente en el magnicidio del 30 de mayo de 1961.
Los archivos, que salen a la luz pública, detallan cómo la inteligencia norteamericana participó en la planificación de las operaciones contra el tirano. El jefe de Operaciones de la División de la CIA, J. Esterline, describió la misión como “brindar apoyo a un grupo de criollos cuyas acciones previstas favorecían el interés de los Estados Unidos”, calificándola de “una operación bastante normal que involucró reuniones, discusiones y aprobaciones formales”. No obstante, Esterline aseguró no tener información de que las armas entregadas fueran empleadas en el asesinato, mientras que Richard Bissell, otro miembro del equipo, admitió vagamente que una de ellas sí fue utilizada por los ejecutores.
El involucramiento estadounidense no se limitó a la CIA. La oficina de campo del FBI en Nueva York realizó un intenso interrogatorio el 10 de mayo de 1962 al teniente de navío Ortiz, oficial del Servicio Militar de Inteligencia (SIM), que produjo 182 páginas sobre el complot. Aunque ese documento permanece clasificado, otros fueron quemados o desaparecieron por orden del propio Johnny Abbes, jefe de la inteligencia trujillista.
Los relatos de quienes vivieron los últimos meses de la tiranía coinciden en que el grupo ejecutor actuó desconectado del segundo eslabón del plan, encabezado por el entonces secretario de las Fuerzas Armadas, José René Román Fernández (Pupo), contactado por Luis Amiama Tio en febrero de 1961. La falla en la coordinación permitió que el SIM se enterara primero de la muerte del dictador, desatando una cacería de brujas que concluyó en un baño de sangre. El exembajador estadounidense John Bartlow Martin, en su libro “El destino dominicano”, describe cómo “aquella misma noche la República Dominicana quedó completamente en las manos del SIM”, llenando cárceles y fortalezas de enemigos del régimen. La represión cobró víctimas inocentes y conspiradores, incluyendo el suicidio del doctor Robert Reid Cabral y las torturas a Ernesto de la Maza, hermano de Antonio de la Maza, uno de los líderes del complot.
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