La amenaza de Feijóo sobre Marruecos desata la bronca en el Congreso: “Si canta, se va de Moncloa”
La primera sesión de control del curso político en el Congreso ha terminado por convertirse en un campo de batalla dialéctico de alto voltaje. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha lanzado una advertencia directa y veladamente amenazante al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en relación con la crisis diplomática con Marruecos.
"Si Marruecos canta, se va de Moncloa", espetó el dirigente conservador, en una intervención que buscaba erosionar la estabilidad del Ejecutivo justo en el momento más delicado de su política exterior. La réplica de Sánchez no se hizo esperar y, lejos de entrar al trapo sobre las condiciones del reino alauí, optó por redirigir el ataque hacia el terreno de la coherencia parlamentaria.
El presidente acusó a Feijóo de intentar "robar" el voto de la ley de nietos, una iniciativa legislativa que busca reparar la memoria histórica y que el PP habría intentado capitalizar o desvirtuar en el último tramo de su tramitación. Un cruce de acusaciones que subraya la creciente tensión entre ambos bloques, donde la política exterior y la memoria democrática se han convertido en armas arrojadizas.
El pulso verbal se produce, además, en un contexto de máxima expectación política. Tan solo unas horas después de esta sesión de control, está prevista la publicación de los cerca de cuarenta documentos desclasificados sobre la crisis de Ceuta.
Este material, largamente reclamado por diversos sectores, podría arrojar nueva luz sobre la gestión gubernamental durante los acontecimientos de 2021 y, previsiblemente, aportar munición adicional al Partido Popular en su ofensiva contra la política de pactos y alianzas del Ejecutivo socialista. Fuentes parlamentarias señalan que la utilización de la figura de Marruecos como factor desestabilizador no es casual.
Feijóo intenta conectar la dependencia energética y migratoria con la supuesta fragilidad de un gobierno en minoría que, para sobrevivir, necesita del apoyo de formaciones independentistas. Sánchez, por su parte, busca retratar al líder de la oposición como un actor sin escrúpulos capaz de torpedear cualquier consenso de Estado para obtener un rédito electoral inmediato, como ejemplifica la disputa por la ley de nietos.
Este enfrentamiento no es un simple episodio de ruido parlamentario. Dibuja un escenario donde la gobernabilidad depende de equilibrios externos y donde la sombra de Marruecos planea sobre la continuidad del presidente.
Con los documentos desclasificados a punto de ver la luz, la pregunta que sobrevuela el hemiciclo es si estas acusaciones cruzadas son el preludio de una crisis de mayores dimensiones o un simple ensayo de la batalla que se avecina en la próxima legislatura. Lo que es seguro es que la legislatura, a sus primeras de cambio, ya ha mostrado sus costuras más tensas.