Importaciones agrícolas dominicanas se disparan 78.5 % en seis años y no frenan
Las importaciones agropecuarias de RD se disparan: 78.5% más que en 2019. ¿Puede el campo local competir? Análisis de la crisis.
Las importaciones agropecuarias de la República Dominicana alcanzaron los 5,588.4 millones de dólares en 2025, un 78.5 % más que en 2019, y la tendencia no muestra señales de desaceleración: en los primeros siete meses de 2026 ya suman 3,385.7 millones, un 96.3 % por encima del mismo período de 2019, según datos de la Dirección General de Aduanas (DGA).
Este crecimiento sostenido plantea un desafío estructural para el sector agropecuario local, que si bien aumentó su producción hasta 346.7 millones de quintales en 2025, no logra cerrar la brecha frente a la competencia externa. El fenómeno no es reciente ni aislado: responde a una combinación de políticas comerciales, choques externos y una transformación en los patrones de consumo que merece un análisis más profundo que la simple comparación de cifras anuales.
El desglose de las compras externas revela dónde se concentra la presión. Hasta julio de 2026, las importaciones de carne y despojos lideran el listado con 450.6 millones de dólares, un incremento de 254.7 % frente a 2019, seguidas por cereales (365.1 millones, +87.2 %), bebidas y alcoholes (269.5 millones, +83.5 %) y grasas y aceites (266.5 millones, +160.6 %). Estas categorías no solo abastecen el consumo directo, sino también insumos para la industria procesadora, lo que explica su peso en la factura total.
La economista Mercedes Carrasco atribuye el fenómeno a una "competencia desigual" frente a la producción nacional. Su lectura cobra sentido al revisar los hitos recientes: el salto más pronunciado ocurrió en 2022, cuando las compras superaron los 5,215 millones de dólares, impulsadas por la Ley 6-22, que eliminó aranceles a 67 productos de la canasta básica durante seis meses para mitigar el impacto de la crisis post-pandemia y la guerra en Ucrania. A ello se suma que el DR-Cafta mantiene arancel cero para 42 productos desde 2025, incluido el arroz, lo que otorga una ventaja estructural a los importados frente a las cargas impositivas que sí enfrentan los productores locales.
El debate no es solo económico, sino de soberanía alimentaria y sostenibilidad del campo dominicano. Wilfredo Cabrera, presidente de Confenagro, advierte que "las importaciones deben complementar, no desplazar, la producción nacional". El gremio analiza actualmente el crecimiento de las compras externas para fijar una postura formal en las próximas semanas, subrayando que "allí donde tengamos condiciones para producir, la producción nacional debe tener prioridad".
Para el lector, la clave está en observar tres elementos en los próximos meses: primero, si la producción local logra reconvertirse hacia rubros donde hoy compite en desventaja; segundo, si las autoridades revisan los mecanismos de protección arancelaria más allá de las suspensiones temporales; y tercero, cómo evoluciona la balanza comercial agropecuaria en un contexto de precios internacionales volátiles. La discusión no es si se debe importar, sino bajo qué reglas y con qué salvaguardas para que el campo dominicano no quede relegado a un rol marginal en su propio mercado.
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