Fraude digital: experto advierte que las empresas necesitan reinventar su gestión de riesgos
La digitalización financiera avanza, pero el fraude también. Nicolás Franco revela cómo proteger tu dinero y la confianza en el sistema.
La acelerada digitalización del sector financiero ha transformado la manera en que los ciudadanos acceden a créditos, pagos y otros servicios, pero también ha abierto nuevas puertas a la ciberdelincuencia. Ante este escenario, los mecanismos de control tradicionales ya no resultan suficientes para proteger a las entidades y a sus clientes, según advierte Nicolás Franco, presidente ejecutivo de Latam y España en Socorro Partners.
El ejecutivo subraya que la expansión de los servicios financieros digitales —impulsada por la pandemia y la creciente adopción de banca en línea— ha generado un aumento paralelo de amenazas como el fraude digital, la suplantación de identidad y los ataques cibernéticos. Estos delitos no solo afectan las finanzas de las empresas, sino que también erosionan la confianza de los usuarios en el sistema financiero, un activo intangible difícil de recuperar una vez dañado.
Para Franco, el desafío no radica únicamente en adoptar nuevas tecnologías, sino en innovar en la forma de anticiparse y responder a un entorno de amenazas en constante evolución. Las soluciones tradicionales, basadas en reglas fijas y revisiones periódicas, se quedan cortas frente a delincuentes que utilizan inteligencia artificial y técnicas cada vez más sofisticadas para vulnerar los sistemas de seguridad.
En este contexto, el experto enfatiza que las instituciones financieras deben avanzar hacia un modelo de gestión de riesgos más dinámico y proactivo, capaz de integrar análisis predictivo y herramientas avanzadas de detección. Esto implica no solo invertir en tecnología, sino también capacitar al personal y diseñar protocolos que permitan responder en tiempo real ante incidentes, en lugar de actuar solo después de que ocurra el daño.
La protección de los usuarios y la confianza en el sistema depende de que los controles evolucionen al mismo ritmo que las soluciones digitales que hoy facilitan el acceso a los servicios financieros. Para el público, esto significa que la seguridad de sus transacciones y datos personales está directamente ligada a la capacidad de las entidades para adaptarse a un panorama de riesgos que cambia constantemente.
De cara al futuro, será clave observar cómo las entidades del país y la región incorporan estas recomendaciones en sus estrategias, así como el rol que jugarán los reguladores en establecer estándares mínimos de ciberseguridad. La experiencia internacional muestra que aquellos que se anticipan a las amenazas no solo protegen sus activos, sino que también ganan una ventaja competitiva en un mercado cada vez más digitalizado.
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