El costo del Congreso dominicano: ¿cuánto paga cada ciudadano por los legisladores?
RD ocupa el 4º lugar en AL en gasto legislativo por habitante: US$13.9. ¿Es eficiente el Congreso? Análisis del Crees revela las cifras.
El costo del Congreso dominicano se ha convertido en un tema de creciente escrutinio público, y las cifras más recientes revelan que República Dominicana ocupa el cuarto lugar en América Latina en gasto legislativo por habitante, con US$13.9 en 2025, superando el promedio regional de US$13.2. Este dato, extraído del análisis del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees), enciende las alarmas sobre la eficiencia en el uso de los recursos públicos y plantea una pregunta inevitable: ¿qué reciben los ciudadanos a cambio de esa inversión?
La comparación regional, que abarca 17 naciones, coloca al país solo por detrás de Uruguay (US$54.0), Panamá (US$33.2) y Costa Rica (US$28.9). Si bien superar a países como Chile, México o Colombia en este indicador no es necesariamente negativo, sí invita a reflexionar sobre la relación entre el tamaño del aparato legislativo y su productividad. El dato adquiere mayor relevancia en un contexto donde la ciudadanía demanda transparencia y resultados tangibles de sus representantes, especialmente en momentos de presión fiscal y necesidad de priorizar el gasto social.
El gasto total ejecutado por el Poder Legislativo dominicano en 2025 ascendió a RD$9,934.9 millones, una suma que refleja la magnitud de la operación estatal en este ámbito. La distribución interna muestra una clara asimetría: la Cámara de Diputados concentró el 66.9% de los fondos (RD$6,646.4 millones), mientras que el Senado manejó el 33.1% restante (RD$3,288.5 millones). Esta brecha responde, en parte, a la diferencia en el número de legisladores entre ambas cámaras, pero también invita a examinar si los recursos asignados a cada una se traducen en una mayor capacidad legislativa o simplemente en un mayor costo operativo.
El desglose presupuestario ofrece pistas clave para interpretar hacia dónde fluyen los recursos. El 93.3% de los fondos se destinó a tres áreas principales: remuneraciones y contribuciones (59.2%), que incluyen sueldos, dietas y gastos de representación; bienes y servicios (24.4%); y transferencias corrientes (9.7%), orientadas principalmente a ayudas y donaciones a personas. Este patrón de gasto no es exclusivo de República Dominicana, pero la alta proporción destinada a compensaciones económicas de los legisladores y su personal suele ser un punto sensible en el debate público, pues compite con otras prioridades como salud, educación e infraestructura.
El estudio del Crees subraya una conclusión que trasciende las cifras: un mayor presupuesto o un mayor número de legisladores no garantiza una mejor representación ni una legislación de mayor calidad. Este señalamiento es especialmente pertinente en un sistema donde la percepción ciudadana sobre el Congreso suele estar marcada por la desconfianza y la demanda de mayor rendición de cuentas. La clave, según el análisis, radica en que los recursos respondan a las funciones institucionales y generen resultados que justifiquen su costo para los contribuyentes, un desafío que exige no solo revisar la asignación presupuestaria, sino también fortalecer los mecanismos de evaluación del desempeño legislativo.
Para el lector, este tema tiene implicaciones directas: cada dominicano aporta, vía impuestos, una parte de esos US$13.9 que financian la operación congresual. La discusión no debería limitarse a si el monto es alto o bajo, sino a si existe una correlación clara entre lo que se gasta y lo que se produce en términos de leyes, fiscalización y representación efectiva. En los próximos meses, será pertinente observar si las autoridades legislativas impulsan medidas de austeridad, mejoran la transparencia en la ejecución presupuestaria o presentan indicadores concretos de productividad que permitan a la ciudadanía evaluar el retorno de esta inversión.
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