Cuando una ley necesita diálogo y no velocidad
Playas que sigan siendo nuestro orgullo. Queremos un país que recicle más, contamine menos y deje un mejor legado a las próximas generaciones.Precisamente por…
Playas que sigan siendo nuestro orgullo. Queremos un país que recicle más, contamine menos y deje un mejor legado a las próximas generaciones.
Precisamente por esa razón resulta preocupante que una reforma tan importante como la de la Ley de Residuos Sólidos se esté conociendo con tanta rapidez y con tan poco espacio para el debate.
Una ley que impacta a prácticamente todas las empresas del país, que modifica la forma de financiar la gestión de los residuos y que puede influir durante décadas en nuestro modelo ambiental merece algo más que una aprobación acelerada.
Merece escucharse, discutirse y enriquecerse. Porque cuando una ley afecta a todo un país, el diálogo no debería verse como un obstáculo.
La pregunta no es si necesitamos mejorar nuestro sistema de manejo de residuos. La verdadera pregunta es cómo hacerlo.
Hoy el modelo continúa basándose, principalmente, en cuánto factura una empresa y no en la cantidad de residuos que realmente genera.
Si el objetivo es reducir la basura, ¿no deberíamos premiar precisamente a quienes generan menos?
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