Cazaderos reales del siglo XVIII revelan datos clave para la conservación animal en España
Un diario de caza del siglo XVIII revela 38.000 capturas: el secreto ecológico de un rey que reescribe la historia de la biodiversidad ibérica.
Un manuscrito del siglo XVIII, conservado en el Palacio Real, ha dejado de ser una simple curiosidad histórica para convertirse en una valiosa herramienta científica. El documento, que detalla las cacerías de Fernando VI entre 1745 y 1755, registra más de 38.000 animales abatidos en una década y ahora permite a los biólogos del CSIC reconstruir la evolución de la biodiversidad en la península ibérica con un nivel de detalle inédito.
El llamado 'Asiento de Caza' es un registro minucioso que documenta 1.241 jornadas cinegéticas, lo que equivale a unas 112 salidas anuales y casi diez presas diarias. Los investigadores Juan Jiménez y Miguel Clavero han analizado este archivo y han determinado que el monarca cazaba aproximadamente el 75% de los días, principalmente en los Sitios Reales como El Pardo, Casa de Campo, El Retiro, Aranjuez y El Escorial. La cifra de 38.000 animales no es un dato anecdótico: representa una fuente de información ecológica que anticipa en más de dos siglos los actuales sistemas de monitoreo de fauna.
El valor científico del documento radica en su detalle. El manuscrito incluye 62 especies diferentes, desde conejos, perdices y liebres hasta lobos, ciervos, zorros y jabalíes. Esta diversidad permite a los expertos inferir variaciones en la disponibilidad de especies y su presencia estacional en el pasado, algo que resulta fundamental para entender cómo han cambiado los ecosistemas. El análisis, publicado en el European Journal of Wildlife Research, subraya que estos datos ofrecen una línea base para comparar con las poblaciones actuales y evaluar el impacto de la actividad humana y el cambio climático en la fauna ibérica.
Uno de los hallazgos más llamativos es la ausencia de linces y corzos en los registros. Los expertos interpretan esta omisión como un indicador de que estas especies ya eran escasas o estaban ausentes en los terrenos reales durante el siglo XVIII. Además, el estudio destaca que los Sitios Reales funcionaban como áreas protegidas de facto, con usos agrícolas y ganaderos restringidos, lo que influía directamente en la abundancia y distribución de la fauna. Esta condición de "reserva" anticipa lo que hoy conocemos como gestión sostenible de espacios naturales.
La afición cinegética no era exclusiva de Fernando VI. Sus sucesores también dejaron huella: Carlos III cazaba casi a diario, y su hijo Carlos IV, apodado 'el cazador', abatió personalmente más de 8.700 animales solo en 1793. Incluso Alfonso XIII protagonizó jornadas con más de mil piezas en Casa de Campo. Estos datos, más allá de su valor anecdótico, trazan una línea temporal que permite a los científicos estudiar cómo las prácticas de gestión y conservación han evolucionado a lo largo de tres siglos.
Para el lector interesado en la conservación, este tipo de investigaciones demuestra que los archivos históricos pueden ser tan valiosos como los datos satelitales o los censos modernos. La información contenida en los diarios de caza real no solo revela la abundancia de especies en el pasado, sino que ofrece claves para interpretar los desafíos actuales de la biodiversidad. A medida que los ecosistemas enfrentan presiones crecientes, estos registros se convierten en una ventana única para comprender los cambios ecológicos y diseñar estrategias de conservación más informadas en España y Europa.
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