El futuro de los recursos hídricos depende de la gestión equilibrada entre sectores clave y hábitos de…

0

La República Dominicana posee una vasta infraestructura hídrica, con un registro de 97 ríos principales y una densa red que comprende más de 556 afluentes…

El consumo de agua en los sectores: un futuro sin límites de agua potable

La República Dominicana posee una vasta infraestructura hídrica, con un registro de 97 ríos principales y una densa red que comprende más de 556 afluentes secundarios y cientos de terciarios, muchos de los cuales nacen en la Cordillera Central. Entre los más destacados se encuentran el Yaque del Norte, reconocido como el más extenso, seguido por el Yuna, Yaque del Sur, Ozama y Artibonito. El río Yuna sobresale como el de mayor caudal en el país y se posiciona como el segundo en importancia después del Yaque del Norte, atravesando la fértil y húmeda zona oriental del Valle del Cibao. El país organiza su hidrografía en 30 grandes cuencas, 17 costeras y 18 subcuencas, siendo las del Yaque del Norte, Yaque del Sur, Yuna, Ozama y Artibonito las de mayor relevancia, según el Plan Hidrológico Nacional del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI).

El consumo de agua en la República Dominicana muestra una marcada concentración en el sector agrícola, que absorbe entre el 82 % y el 86 % del total, con un alarmante desperdicio cercano al 70 % debido a la ineficiencia de las técnicas de riego. El resto se distribuye entre el uso doméstico (5.2 %), turístico-hotelero (5.0 %) e industrial, con un promedio de 70 galones diarios por persona. A pesar de que el acceso al agua potable es casi universal, el servicio se caracteriza por su intermitencia. El Banco Mundial señala que seis de cada diez hogares urbanos experimentan esta deficiencia. Específicamente, el 65.26 % de los hogares urbanos y el 59.08 % de los rurales reciben suministro por menos de 20 horas al día, con un promedio nacional cercano al 50 %, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). La gestión de este recurso recae mayoritariamente en el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa), que cubre más del 85 % del territorio, mientras que el Gran Santo Domingo es atendido por la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), y otras corporaciones regionales como Coraaplata, Coraasan, Coraamoca, Coraavega, Coraamon, Coraabo y Coaarom, gestionan sus respectivas zonas. Para 2024, la producción nacional de agua potable alcanzó los 51,175,640 m³, abasteciendo al 78.44 % de la población a través del sistema público, mientras que el 21.56 % dependía de fuentes alternativas como pozos o camiones, según datos de Acento.

A nivel global, la escasez hídrica es una realidad apremiante, exacerbada por el crecimiento demográfico, la deforestación, la contaminación fluvial y las sequías recurrentes vinculadas al cambio climático. En la República Dominicana, la falta de datos precisos sobre ríos secos impide cuantificar el impacto local de esta crisis, pero las consecuencias son palpables: poblaciones vulnerables sufren enfermedades y privaciones al ver mermadas sus fuentes de agua para necesidades básicas. Esta situación resuena con la advertencia del historiador inglés Thomas Fuller (1608-1661): "Nadie sabe el valor del agua, hasta que se agotó el pozo". Ejemplos de esta crisis se observan en el agotamiento del Sistema Cantareira, el principal reservorio de Sao Paulo en Brasil, y la grave escasez en Estados Unidos, donde el Lago Mead, el mayor reservorio del país, ha experimentado un descenso crítico. Ya en abril de 2015, reguladores de California impusieron recortes obligatorios y multas significativas al uso del agua para riego y paisajismo, evidenciando décadas de consumo insostenible y sequías. Además, las constantes inundaciones por temporadas ciclónicas afectan gravemente a las comunidades dominicanas que residen cerca de ríos y cañadas.

A pesar de los desafíos, el panorama hídrico mundial también revela descubrimientos esperanzadores. Investigadores de la Universidad Federal de Pará en Brasil confirmaron en 2025 la existencia del Sistema Acuífero Gran Amazonía (SAGA), el mayor reservorio de agua dulce subterránea conocido, con estimaciones preliminares de más de 150 cuatrillones de litros, capaces de abastecer a la población mundial por aproximadamente 250 años. No obstante, los desafíos persisten: 1,200 millones de personas, es decir, una de cada seis, viven en zonas con suministro inadecuado, y casi una de cada nueve carece de acceso a agua potable segura, resultando en la muerte de un niño cada minuto por enfermedades relacionadas con el agua, según el FMI. La escasez hídrica tiene profundas implicaciones económicas, sociales y ambientales, afectando la seguridad alimentaria, incrementando los costos de producción y limitando el crecimiento económico. La demanda creciente presiona a los gobiernos para desarrollar soluciones como acueductos, canales de riego y presas.

La distribución de las reservas mundiales de agua dulce apta para consumo humano es notablemente desigual; más del 60 % se concentra en solo diez países, con Brasil a la cabeza, seguido por Rusia, Canadá, China, Colombia, Estados Unidos, Perú, Indonesia, India y la República Democrática del Congo, según el World Resource Institute. Actualmente, 36 naciones enfrentan una grave crisis hídrica, definida por la extracción de más del 40 % de su suministro anual disponible. Se proyecta que la demanda global de agua continuará en aumento, impulsada por el crecimiento demográfico, la urbanización y la expansión económica. Establecer un precio justo por el agua es una tarea compleja debido a sus características intrínsecas y a las múltiples consideraciones sociales, ambientales y políticas. A pesar de ello, el acceso universal al agua es reconocido como un derecho humano fundamental y un objetivo primordial en diversas constituciones, como la dominicana, y en las políticas públicas a nivel global.

Fuente original: consultar publicación original.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *