La apatía electoral rumbo al 2028 pone en jaque el futuro político dominicano
¿Seguirá la abstención marcando las elecciones de 2028? Partidos sin conexión ni propuestas, y un gasto que no se justifica. Análisis del IIDH aquí.
Un análisis sobre el panorama electoral dominicano de cara a 2028 advierte que la abstención registrada en los comicios de 2024 podría repetirse, en un contexto de partidos políticos que no logran conectar con las necesidades del votante ni justificar el creciente gasto que representan para el contribuyente. El informe del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) sobre la abstención en las elecciones de 2024 sugiere que el escenario para 2028 no presentará cambios significativos, lo que plantea una interrogante de fondo sobre la calidad de la representación política y la sostenibilidad del sistema de partidos.
El texto señala que los partidos tradicionales enfrentan una profunda crisis de credibilidad. El PRD despierta tardíamente para captar un voto nostálgico, el PRSC se reduce a una presencia simbólica en vallas carreteras, y formaciones como el BIS, el PUN, el PNVC y el PED, entre otras, carecen de propuestas que justifiquen su permanencia en el sistema. Esta dispersión organizativa no solo fragmenta la oferta electoral, sino que también diluye la capacidad de canalizar demandas ciudadanas concretas.
El análisis también cuestiona el liderazgo de figuras como Leonel Fernández, quien en 2028 cumplirá 32 años desde su primera presidencia, y señala que el PLD tiene exceso de precandidatos pero déficit de credibilidad, mientras el PRM se prepara para una competencia interna que podría derivar en divisiones. Asimismo, menciona que un eventual candidato outsider protegido por la Embajada no tendría un camino viable, lo que sugiere que las alternativas fuera del sistema partidario tampoco ofrecen una salida clara al desencanto electoral.
Para el lector, estas señales importan porque la abstención no es un dato neutro: cuando amplios sectores dejan de votar, las autoridades electas gobiernan con menor legitimidad de origen y las políticas públicas pierden respaldo social. Además, el costo del financiamiento partidario recae sobre el contribuyente, de modo que la desconexión entre partidos y ciudadanía tiene un impacto fiscal directo y verificable en el presupuesto público.
A pesar de las críticas, el texto reconoce que los partidos son indispensables en democracia y que el país muestra mejoras en indicadores clave, con estabilidad económica y paz social en una región marcada por crisis. Esa combinación —instituciones partidarias debilitadas pero condiciones macroeconómicas relativamente favorables— configura una paradoja que conviene observar: la estabilidad no garantiza por sí sola la renovación de la representación política.
Sin embargo, concluye que el sistema político sigue siendo una promesa incumplida que cada vez cuesta más al contribuyente. La clave para 2028 estará en si los partidos logran traducir esa estabilidad en propuestas creíbles o si, por el contrario, la apatía se consolida como el actor decisivo de la contienda.
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