Petroleras gigantes nadan en oro mientras arde el Golfo

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Petroleras de EE. UU. ganan US$49,800M en 6 meses por la crisis de Irán. ¿Quién paga la factura?

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Las cinco mayores petroleras estadounidenses acumularon cerca de US$49,800 millones en beneficios netos durante el primer semestre, aprovechando el alza del crudo desatada por el conflicto con Irán y las restricciones en el estrecho de Ormuz. La cifra refleja una bonanza sin precedentes para el sector energético, que contrasta con el impacto negativo que la escalada bélica tiene sobre los consumidores y las economías importadoras de petróleo.

Los resultados trimestrales divulgados por las compañías muestran una aceleración vertiginosa de sus ganancias. Mobil registró beneficios de US$14,500 millones entre abril y junio, más del triple de los US$4,200 millones del primer trimestre, mientras que Chevron saltó de US$2,200 millones a US$12,100 millones en el mismo período. Solo Exxon y Chevron sumaron US$26,600 millones en el segundo trimestre, una cifra que supera el producto interno bruto anual de varias economías de la región.

El resto del grupo también reportó resultados excepcionales: Phillips, Occidental Petroleum y EOG Resources aportaron US$6,100, US$6,000 y US$4,700 millones respectivamente, según los reportes financieros divulgados. Estos números revelan que la crisis geopolítica se ha convertido en un motor de ingresos para las grandes corporaciones energéticas, que ven cómo el barril de Brent superó los US$120 durante la crisis, un nivel que no se registraba desde hace años y que encarece la gasolina, el transporte y la producción industrial en todo el mundo.

La bonanza también alcanza a China, el mayor importador de crudo del planeta. La estatal Sinopec informó un aumento del 19.3% en su beneficio neto semestral, hasta US$3,810 millones, pese a su fuerte dependencia del petróleo del Golfo Pérsico. Este dato resulta paradójico: Pekín condena la escalada en la región, pero sus empresas estatales se benefician de los precios elevados, aunque a costa de una factura energética más cara para su economía.

En paralelo, Washington prepara una nueva ofensiva contra Teherán centrada en el dinero, el petróleo y las relaciones comerciales internacionales. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, calificó la operación como un "D-Day económico" y aseguró que constituirá "la mayor ofensiva financiera" emprendida por Estados Unidos contra un adversario, con posibles consecuencias para países, bancos y empresas que mantengan vínculos con la República Islámica. Esta estrategia busca asfixiar económicamente al régimen iraní, pero también podría generar tensiones con aliados europeos y asiáticos que dependen del crudo iraní o mantienen lazos comerciales con Teherán.

Para los lectores, la clave está en observar dos elementos: primero, si las petroleras mantienen este ritmo de ganancias en el segundo semestre o si una eventual desescalada del conflicto reduce los precios y sus márgenes; segundo, cómo impactará la ofensiva financiera de Washington en los mercados globales, especialmente en los países importadores de energía como República Dominicana, donde el precio de los combustibles y la inflación están directamente ligados a la evolución del crudo. La combinación de sanciones, restricciones en Ormuz y demanda global sostenida sugiere que la volatilidad continuará siendo la norma en los próximos meses.

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