Manifestantes se agolpan en la puerta del plantel en la jornada inaugural de clases
Protestas marcan el inicio del año escolar en RD: exigen mejoras salariales para el personal de apoyo mientras Abinader encabeza la ceremonia oficial.
Manifestantes del Colectivo Ciudadano por la Educación protestaron este lunes frente a la Escuela Espejo La Milagrosa, donde el presidente Luis Abinader encabezaba el acto oficial de inicio del año escolar 2026-2027, para exigir mejoras salariales y laborales para el personal del sistema educativo. La concentración se produjo en paralelo a la ceremonia protocolar, en un contraste que puso de relieve las tensiones pendientes en el sector justo cuando más de 2.6 millones de estudiantes retornaban a las aulas en todo el país.
Los manifestantes, apostados en los alrededores del centro educativo mientras las autoridades permanecían en el interior, reclamaron un aumento salarial para conserjes, personal de apoyo y administrativos del Ministerio de Educación, así como mejores condiciones laborales. Este segmento de trabajadores, que históricamente ha quedado al margen de los aumentos que reciben los docentes, representa una parte esencial del funcionamiento diario de los planteles, desde la limpieza y el mantenimiento hasta la gestión administrativa que permite la operación de las escuelas.
Además, denunciaron que muchos empleados del sector reciben salarios insuficientes y exigieron el pago del bono correspondiente a la evaluación del desempeño. Este incentivo, que depende de la aplicación de un sistema de medición de resultados, ha sido una fuente recurrente de reclamos en el sector público educativo, donde los atrasos en su liquidación afectan directamente el presupuesto familiar de los trabajadores de menores ingresos.
Uno de los manifestantes, Ruki Antonio López, quien aseguró tener 26 años de servicio público, denunció que fue cancelado tras solicitar un traslado a la Escuela Espejo La Milagrosa. López, padre de cuatro hijos, afirmó enfrentar serias dificultades económicas para sostener a su familia. Su caso ilustra la vulnerabilidad laboral de muchos empleados del sistema, cuyas solicitudes administrativas pueden derivar en la pérdida de su fuente de ingresos sin que medie un proceso claro de reubicación o garantías de estabilidad.
Los protestantes también cuestionaron el rol de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), señalando que no cuentan con su respaldo para sus reclamos. Esta crítica abre un flanco de discusión sobre la representatividad del gremio magisterial, que tradicionalmente ha concentrado sus demandas en los docentes, dejando en segundo plano las necesidades de otros trabajadores del sistema educativo que, sin embargo, comparten las mismas aulas y jornadas laborales.
La protesta se desarrolló en paralelo al acto oficial con el que las autoridades dieron apertura al nuevo año escolar, en una jornada marcada por el fortalecimiento de los aprendizajes y la inclusión de la inteligencia artificial en las aulas. Mientras el discurso oficial se centraba en la modernización educativa y la innovación pedagógica, los manifestantes recordaban que la calidad del sistema también depende de que quienes sostienen su infraestructura diaria puedan vivir dignamente de su trabajo. La escena deja una lección para la gestión educativa: los avances tecnológicos y curriculares difícilmente serán sostenibles si no se resuelven las deudas sociales acumuladas con el personal de apoyo, un eslabón invisible pero imprescindible de la escuela dominicana.
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