La ciencia lleva 50 años buscando el “más allá”: los hallazgos revelan un giro inesperado

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La ciencia revela el secreto de las ECM: un análisis de 775 estudios explica las “luces” como procesos cerebrales ante el estrés extremo.

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La ciencia lleva más de medio siglo intentando desentrañar el misterio de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), y un reciente análisis de 775 estudios publicados en las últimas cinco décadas concluye que, lejos de demostrar una existencia trascendental, estas vivencias responden a procesos neurobiológicos del cerebro bajo estrés extremo.

Esta revisión exhaustiva, que abarca medio siglo de investigación, representa un punto de inflexión en un debate que ha oscilado entre la espiritualidad y la neurología. Para el lector común, acostumbrado a relatos de "luces al final del túnel" o encuentros con seres queridos fallecidos, el hallazgo ofrece una explicación terrenal: el cerebro, ante una amenaza vital, activa mecanismos de defensa que generan experiencias vívidas y profundamente significativas, sin necesidad de recurrir a explicaciones sobrenaturales.

El debate sobre el "más allá" ha sido históricamente alimentado por figuras públicas y casos mediáticos, como el del neurocirujano Eben Alexander, quien afirmó haber viajado a otra dimensión durante un coma. Sin embargo, los expertos advierten que estos relatos carecen de verificación independiente y confunden correlación con causalidad. El filósofo Carlos Blanco señala que argumentos como el "ajuste fino" del universo incurren en falacias lógicas, ya que existen explicaciones alternativas como el multiverso o el azar que no requieren intervención divina.

El modelo científico más robusto, propuesto por el equipo de Charlotte Martial, explica que la sensación de ver una luz al final del túnel, la paz interior o el repaso de momentos vitales son consecuencia directa de estados alterados de conciencia y falta de oxígeno en el cerebro. Estudios neurofuncionales confirman que entre el 10% y 20% de los pacientes que sobreviven a un paro cardiaco reportan estas experiencias, pero su origen es fisiológico, no sobrenatural. Esta base empírica permite a los profesionales de la salud anticipar y manejar mejor las secuelas psicológicas de quienes las atraviesan.

Lo que sí respalda la ciencia es el impacto transformador a largo plazo: un estudio de 2024 que comparó a 834 personas con ECM frente a 42 que enfrentaron situaciones mortales sin experimentarlas encontró cambios espirituales y psicológicos significativos en el primer grupo. No obstante, que una ECM cambie la vida no implica que el alma viaje a otra dimensión, una deducción que la investigación actual no sustenta. Para el lector, la clave está en distinguir entre el efecto subjetivo de la experiencia y su causa objetiva.

Conviene observar, en los próximos años, cómo evoluciona la investigación neurocientífica en este campo, especialmente con el avance de técnicas de imagen cerebral en tiempo real y el estudio de pacientes durante paros cardiacos controlados. También será relevante seguir el debate filosófico que estos hallazgos reavivan: si la ciencia puede explicar el fenómeno sin necesidad de lo trascendente, ¿qué lugar queda para la fe y la espiritualidad en la experiencia humana? La respuesta, probablemente, seguirá generando más preguntas que certezas.

Fuente original: consultar publicación original.

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