Bandas criminales roban toneladas de cobre en plantas solares de España: el hurto que amenaza la energía verde

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El robo de cobre en plantas solares de España dispara pérdidas millonarias y amenaza la transición ecológica.

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Las bandas organizadas han convertido el robo de cobre en las plantas solares españolas en un negocio millonario, con sustracciones que superan los 2,5 millones de euros en daños y material en apenas dos años, según datos de la Guardia Civil. Este delito, lejos de ser un incidente aislado, se ha consolidado como una amenaza directa para la infraestructura energética del país y para los objetivos de transición ecológica que dependen de estas instalaciones.

El auge del precio del cobre, que ha superado los 14.000 dólares por tonelada en los mercados internacionales, ha disparado la actividad delictiva. Este metal, esencial por su conductividad y maleabilidad, se ha convertido en un objetivo prioritario para la delincuencia organizada. Su capacidad de reciclaje sin perder propiedades lo hace especialmente atractivo para la reventa, lo que explica el interés de grupos que operan con una logística sofisticada y una red de distribución bien establecida.

Solo en 2026, las autoridades han desarticulado varios grupos que operaban en Toledo, Albacete, Ávila, La Rioja y Córdoba, recuperando toneladas de material y deteniendo a decenas de personas implicadas en estos delitos. La magnitud del problema es alarmante: se han incautado más de 157 toneladas de cable en una sola operación, con un valor estimado que supera el millón de euros. Estas cifras reflejan no solo el volumen del hurto, sino también el nivel de organización y los recursos que las bandas destinan a esta actividad.

Las investigaciones revelan una coordinación internacional, con bandas que operaban simultáneamente en Francia y Portugal, trasladando posteriormente el botín a Rumanía para su venta en el mercado negro. Este patrón transfronterizo complica la labor de las fuerzas de seguridad y subraya la necesidad de una cooperación europea más estrecha para combatir un delito que no entiende de fronteras. La ruta del cobre robado, que atraviesa varios países antes de llegar a su destino final, evidencia la existencia de una cadena de suministro ilegal perfectamente engrasada.

El impacto económico de estos robos va más allá del valor del material sustraído. Cada incidente obliga a paralizar la producción de energía, a reparar infraestructuras dañadas y a reforzar la seguridad, costes que terminan repercutiendo en el precio de la electricidad y en la viabilidad de futuros proyectos solares. Para los inversores, la inseguridad se ha convertido en un factor de riesgo adicional que podría frenar la expansión de la energía fotovoltaica en España, uno de los países con mayor potencial solar de Europa.

Ante esta amenaza, el sector está implementando sistemas de vigilancia avanzada con cámaras térmicas y tecnología inteligente que permiten detectar intrusiones las 24 horas, incluso en condiciones de baja visibilidad, para proteger unas infraestructuras críticas para la transición energética del país. Estas soluciones, combinadas con una mayor presencia policial y con la colaboración entre empresas y autoridades, son claves para disuadir a los delincuentes. No obstante, la escalada del precio del cobre y la sofisticación de las bandas sugieren que el problema persistirá, por lo que conviene observar si las medidas actuales serán suficientes o si se requerirá una respuesta legislativa más contundente.

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