Hambre Cero RD: los retos que vienen después de la meta

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RD supera el Hambre Cero según la FAO, un hito histórico. Pero el reto ahora es mayor: lograr que todos tengan una alimentación saludable y estable.

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La República Dominicana ha alcanzado un hito histórico al superar el umbral internacional de Hambre Cero, reduciendo la subalimentación por debajo del 2.5 % según la FAO, un logro que corona dos décadas de políticas públicas sostenidas y una transformación profunda en la institucionalidad social del país. Sin embargo, este avance, lejos de cerrar el capítulo, abre una nueva etapa de desafíos más complejos: garantizar que la ausencia de hambre se traduzca en una alimentación saludable, nutritiva y estable para todos los hogares dominicanos.

El punto de partida de esta transformación fue 2004, en medio de una severa crisis económica y social desencadenada por la quiebra bancaria de 2003, cuando más del 20 % de la población padecía inseguridad alimentaria. Fue entonces cuando nació el programa Comer es Primero, pieza clave de la Red de Protección Social, que sentó las bases de una arquitectura institucional sin precedentes en el país. El Gabinete de Coordinación de Políticas Sociales (GCPS) asumió la rectoría estratégica, el Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN) perfeccionó la focalización de hogares pobres, y la Administradora de Subsidios Sociales (ADESS) gestionó las transferencias monetarias con creciente eficiencia.

Esa estructura evolucionó con el tiempo a través de iniciativas como Solidaridad, Progresando con Solidaridad y Supérate, que incorporaron además el aseguramiento en salud para los más vulnerables y la alimentación escolar. El resultado, dos décadas después, es un sistema de protección social que ha trascendido gobiernos y que hoy coloca al país ante un nuevo desafío: garantizar no solo la ausencia de hambre, sino el acceso estable a una alimentación saludable y nutritiva para todos los hogares. La meta cuantitativa se ha cumplido, pero la calidad nutricional sigue siendo una asignatura pendiente.

El contexto internacional refuerza esta preocupación. Como advierten expertos como Jeffrey Sachs y Daron Acemoglu, el desarrollo sostenible exige instituciones sólidas y una agenda que trascienda la mera subsistencia. Para República Dominicana, esto implica redirigir esfuerzos hacia la educación alimentaria, el fortalecimiento del poder adquisitivo de los hogares más pobres y la promoción de dietas diversificadas que combatan la malnutrición en todas sus formas, incluida la obesidad y las deficiencias de micronutrientes, problemas que suelen persistir incluso cuando el hambre aguda disminuye.

Otro elemento que conviene observar es la sostenibilidad fiscal y programática de estos logros. La continuidad de los programas sociales dependerá de su capacidad para adaptarse a los cambios demográficos, a las fluctuaciones de los precios internacionales de los alimentos y a los impactos del cambio climático en la producción agrícola local. La institucionalidad construida es un activo valioso, pero requiere actualización constante para no quedar rezagada frente a nuevas vulnerabilidades.

En definitiva, el país ha demostrado que es posible superar crisis profundas con visión de Estado y políticas coherentes. El siguiente paso es consolidar una seguridad alimentaria que no se mida solo en porcentajes de subalimentación, sino en la capacidad real de cada familia para acceder a una dieta digna y balanceada. La meta de Hambre Cero fue un punto de llegada; ahora, el reto es que sea también un punto de partida hacia un bienestar más integral y duradero.

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