Misiones Apolo: las luces inexplicables que acompañaron los viajes de EE.UU. a la Luna
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El 8 de mayo de 2026, Washington reactivó un expediente que llevaba décadas bajo llave. Con el lanzamiento del sistema PURSUE, el Sistema Presidencial de Desclasificación y Reporte para Encuentros con UAP, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, anunció que el Departamento de Guerra comenzaría a liberar documentos hasta ahora clasificados o repartidos entre distintas agencias federales, por orden directa del presidente Donald J. Trump.
La medida se presentó como un ejercicio de transparencia, pero los materiales conocidos hasta ahora reconstruyen una historia mucho más amplia: desde los primeros años de la carrera espacial, astronautas estadounidenses dejaron constancia de luces, objetos, destellos y partículas brillantes que no siempre encontraron una explicación concluyente. En ese archivo también figuran referencias a restos de las misiones Apolo documentados por varios países durante más de una década, además de la subasta en Dinamarca de las primeras fotografías tomadas en la Luna.
Uno de los episodios más antiguos se remonta al 5 de diciembre de 1965, cuando Frank Borman y Jim Lovell viajaban a bordo de la Gemini 7. En medio de la misión, Borman avisó por radio: “Tenemos un bogey a las diez en punto, alto”. Desde Houston intentaron encajar la observación en una explicación convencional, pero la respuesta del astronauta fue tajante: “Este es un avistamiento real. también tenemos el propulsor a la vista”. Lovell, por su parte, describió una nube de “trillones de partículas” y un cuerpo luminoso que parecía acompañarlos en el vacío.
Cuatro años más tarde, durante el viaje de la Apollo 11 hacia la Luna, Buzz Aldrin informó de un objeto inusual cuando la nave se encontraba a un día de distancia del satélite. En los debriefings técnicos desclasificados por PURSUE, Aldrin explicó que el objeto tenía un tamaño considerable y que, por eso, lo apodaron “el monóculo”. También relató pequeños destellos dentro de la cabina, visibles cada dos minutos mientras intentaba dormir, y ya en el regreso la tripulación observó una fuente de luz muy intensa que intentó atribuirse a un posible láser terrestre, aunque las coordenadas no encajaban del todo.
La Apollo 12, lanzada en noviembre de 1969, añadió nuevos registros al expediente. Alan Bean, piloto del módulo lunar, dijo haber visto a través del Telescopio Óptico de Alineación una secuencia de luces que parecían surgir desde detrás de él, como partículas que “salían disparadas” y se perdían entre las estrellas. En paralelo, el AGS, sistema de guiado de aborto, comenzó a pulsar cada segundo, una anomalía electromagnética que ya había sido detectada por técnicos en Bethpage en otras naves, aunque nunca quedó aclarada por completo. Las imágenes desclasificadas NASA-UAP-VM1 a VM5 también mostraron varios puntos luminosos sobre el horizonte lunar y siguen catalogadas como casos no resueltos.
El programa Apolo no cerró el capítulo. En diciembre de 1972, durante la Apollo 17, el comandante Eugene Cernan dijo no poder dormir por una serie de rayas brillantes y comparó una luz intermitente con el faro de un tren. Durante tres horas, él y Harrison “Jack” Schmitt observaron objetos físicos, rotatorios y luminosos que parecían seguir la nave; Schmitt habló de fragmentos que daban volteretas cerca de ellos y los comparó con “el 4 de julio”. Más tarde, ya sobre la superficie lunar, reportó un destello repentino al norte del cráter Grimaldi.
Entre 1973 y 1974, las misiones de Skylab volvieron a dejar constancia de fenómenos similares. Joseph Kerwin confirmó que toda la tripulación vio destellos que aumentaban y disminuían de frecuencia incluso con los ojos cerrados. Owen Garriott siguió durante 10 minutos un objeto rojizo muy brillante, más luminoso que Júpiter, y con una trayectoria parecida a la de Skylab. Carr también registró luces con movimiento definido respecto a la estación, aunque la tripulación intentó atribuirlas a piezas desprendidas.
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