Eurozona frena en seco: el motor empresarial se apaga en septiembre
El pulso de la economía europea se debilita. Durante el mes de septiembre, las empresas de la Eurozona detuvieron prácticamente su crecimiento, según los últimos indicadores de actividad.
El Índice de Gestores de Compras (PMI, por sus siglas en inglés), termómetro clave del sector privado, reflejó un retroceso que enciende las alarmas sobre una posible recesión invernal. La lectura compuesta del PMI para la Eurozona se situó en terreno negativo por primera vez en varios meses, dejando atrás la tímida expansión registrada a principios del verano.
El dato, que mide la evolución de la manufactura y los servicios, mostró un ritmo de actividad inferior al de agosto, con nuevas caídas en la producción industrial y una desaceleración notable en el sector servicios, hasta ahora el sostén de la economía. **La industria, en zona de contracción**
La manufactura continúa siendo el eslabón más débil.
Los pedidos industriales cayeron por sexto mes consecutivo, arrastrados por la baja demanda interna y la debilidad de las exportaciones, especialmente hacia Asia. Alemania, la locomotora europea, reportó su peor desempeño en lo que va del año, con plantas operando por debajo del 50% de su capacidad.
Francia, por su parte, se mantiene al borde del estancamiento. En el sector servicios, aunque se mantiene en crecimiento, el ritmo se redujo drásticamente.
Las empresas reportan una contracción en la nueva demanda, especialmente en turismo, comercio minorista y actividades profesionales. El consumo de los hogares, golpeado por la inflación persistente y las tasas de interés elevadas, no logra recuperarse.
**¿Se viene una recesión técnica?**
El dato de septiembre sugiere que el Producto Interno Bruto (PIB) del trimestre podría cerrar con crecimiento cero o incluso negativo. Si el cuarto confirma la tendencia, la Eurozona entraría en una recesión técnica, definida como dos trimestres consecutivos a la baja.
El Banco Central Europeo, que ha mantenido una política monetaria restrictiva para combatir la inflación, se enfrenta ahora al dilema de aliviar las condiciones sin avivar los precios. Los analistas advierten que el enfriamiento no es un accidente, sino el reflejo de una economía que agota sus fuerzas tras la recuperación postpandemia y la crisis energética.
La incertidumbre geopolítica, la guerra en Ucrania y los conflictos comerciales globales añaden presión. **Perspectivas sombrías para el cierre del año**
El panorama futuro no es alentador.
Los pedidos pendientes se acumulan, las carteras de trabajo se reducen y la confianza empresarial cae a mínimos anuales. El mercado laboral, que hasta ahora mostraba resistencia, empieza a mostrar grietas: la creación de empleo se desaceleró en septiembre.
Con la inflación aún por encima del objetivo del 2% y la actividad congelada, Europa entra en una fase de estanflación leve. Para las empresas, el mensaje es claro: el verano de la recuperación ha terminado, y el otoño trae consigo la sombra de una contracción.
La Eurozona deberá navegar aguas turbulentas si no logra reactivar la demanda y restaurar la confianza antes de que el frío paralice aún más su motor productivo.