Gobernanza en manos de otros: un cambio de ritmo en la toma de decisiones
“¿Cómo crecer sin decidir? La República Dominicana enfrenta un desafío crítico para tomar decisiones efectivas y construir un futuro próspero.”
En la República Dominicana, una pregunta resuena en cada hogar con hijos en la escuela: ¿cómo podemos crecer si no sabemos decidir?. La economía dominicana ha demostrado una notable capacidad para expandirse, construir infraestructura, atraer inversión y mantener estabilidad macroeconómica. Sin embargo, cada etapa histórica trae su propia pregunta, y la actual es si un país puede crecer si no tiene instituciones capaces de procesar decisiones complejas.
La República Dominicana enfrenta una tensión que atraviesa casi todos sus sectores estratégicos. Queremos participación social, pero muchas veces confundimos participación con veto, consulta con paralización y autoridad con imposición. Queremos desarrollo territorial, pero no terminamos de ordenar el territorio. Queremos seguridad jurídica, pero con frecuencia sometemos las decisiones al ruido del momento.
El problema no es decidir, sino cómo estamos decidiendo. Un país que aspira a duplicar su economía, mejorar sus servicios públicos, diversificar su matriz productiva, atraer inversión responsable y fortalecer su posición internacional necesita reglas capaces de sobrevivir al ruido, instituciones que inspiren confianza, procesos previsibles, autoridades técnicas, participación social ordenada y rendición de cuentas.
La seguridad jurídica no es un privilegio empresarial, sino un derecho fundamental que protege al inversionista, al Estado, a las comunidades y al ambiente. Sin seguridad jurídica no hay inversión responsable, pero tampoco hay desarrollo sostenible. Ese equilibrio es el centro de cualquier país responsable.
La República Dominicana ya no puede conformarse con crecer materialmente mientras posterga su madurez institucional. Las obras importan, la inversión importa, el empleo importa, la estabilidad importa. Pero todo eso será insuficiente si el país no desarrolla una capacidad más profunda: decidir bien.
Significa escuchar sin renunciar a la autoridad, evaluar sin eternizar la incertidumbre y reconocer en política pública. Significa promover inversión sin ignorar el territorio. Significa reconocer que el desarrollo no se construye contra las comunidades, pero tampoco puede quedar rehén del miedo.
El país necesita pasar de la reacción a la gobernanza. Ese tránsito exige instituciones capaces de sostener decisiones difíciles. Porque las decisiones fáciles no prueban la madurez de una nación. La prueban aquellas donde chocan intereses legítimos: desarrollo y ambiente, inversión y territorio, comunidad y Estado, productividad y sostenibilidad, crecimiento y confianza.
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