Violencia de género | El espejismo de la Reina de Corazones

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En Alicia en el país de las maravillas, la Reina de Corazones inmortalizó una de las mayores aberraciones lógicas de la literatura: «¡Que dicten la sentencia…

Violencia de género | El espejismo de la Reina de Corazones

En Alicia en el país de las maravillas, la Reina de Corazones inmortalizó una de las mayores aberraciones lógicas de la literatura: «¡Que dicten la sentencia primero- cortenle la cabeza-; el juicio después!».

Fuera de la ficción de Lewis Carroll, la sociedad contemporánea parece atrapada en un delirio similar cada vez que intenta abordar la epidemia de la violencia de género y los feminicidios.

Vivimos bajo el embrujo del populismo penal, alimentando la fantasía colectiva de que un Código Penal más rígido, un proceso penal más severo o el simple aumento de las penas tienen la propiedad mágica- tal cual abra cadabra-de disuadir el crimen estructural.

Es una ilusión peligrosa, pues el derecho penal es por definición dogmática y constitucional, netamente reactivo.

Activado bajo los principios de legalidad y lesividad, el aparato punitivo del Estado siempre llega tarde: interviene cuando el tejido social ya se ha roto, cuando el daño es irreversible y cuando el cuerpo de la víctima ya ha caído.

Hablar de un "derecho penal preventivo" es incurrir en un oxímoron; la cárcel administra el fracaso social, no lo evita.

Para detener la cadena de producción de la violencia, la mirada analítica debe desplazarse desde la investigación penal y el estrado judicial, hacia la matriz de origen: la socialización primaria – el germen desde donde se gesta la violencia- .

Fuente original: consultar publicación original.

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