Unicef insta a que la juventud dominicana tenga voz y voto en las políticas que moldean su futuro

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Jóvenes dominicanos exigen voz y voto real en las políticas que moldean su futuro. Un llamado de Unicef a pasar de la consulta simbólica a la acción.

Unicef insta a que la juventud dominicana tenga voz y voto en las políticas que moldean su futuro

Adolescentes y jóvenes dominicanos reclaman un papel protagónico en la toma de decisiones que afectan su presente y futuro, un llamado que trasciende la consulta simbólica y exige su incidencia real en políticas públicas y proyectos comunitarios. La demanda, planteada por Unicef, pone sobre la mesa un desafío estructural: que las propuestas de la juventud sean consideradas en la planificación de programas que impactan directamente su desarrollo, y no queden relegadas a espacios decorativos o encuentros sin seguimiento.

En República Dominicana, donde los menores de 30 años representan una porción significativa de la población, la exclusión de este segmento en el diseño de políticas educativas, laborales y de salud pública tiene consecuencias concretas. Cuando las decisiones se toman sin escuchar a los principales beneficiarios, los programas corren el riesgo de no responder a las necesidades reales, generando brechas de efectividad y descontento social. La incidencia juvenil no es un gesto de cortesía institucional, sino un mecanismo para mejorar la calidad de las intervenciones públicas.

Unicef insta a que la juventud dominicana tenga voz y voto en las políticas que moldean su futuro
Unicef insta a que la juventud dominicana tenga voz y voto en las políticas que moldean su futuro

El llamado de Unicef apunta a superar la visión paternalista que históricamente ha tratado a los jóvenes como receptores pasivos de políticas diseñadas por adultos. La clave, según expertos en juventud, está en diseñar espacios de cogestión donde los jóvenes no solo opinen, sino que lideren iniciativas con presupuesto y autonomía. Esto implica un cambio de paradigma: reconocer su capacidad de innovación y liderazgo, y dotarlos de herramientas reales para incidir en los procesos de decisión.

Organizaciones sociales y gobiernos locales enfrentan el reto de crear mecanismos efectivos de diálogo intergeneracional. No se trata de organizar foros aislados o encuestas puntuales, sino de institucionalizar canales permanentes donde las voces juveniles tengan peso en la asignación de recursos y la priorización de agendas. La participación simbólica —donde se escucha a los jóvenes pero sus aportes no se materializan— genera frustración y desconfianza en las instituciones.

Para los lectores, este debate tiene implicaciones prácticas: cuando los jóvenes participan en la cogestión de proyectos comunitarios, los resultados suelen ser más pertinentes y sostenibles. La evidencia internacional muestra que los programas diseñados con participación juvenil activa tienden a tener mayor aceptación y éxito en su implementación. En un país con desafíos en educación, empleo juvenil y prevención de violencia, la incorporación de esta perspectiva no es un lujo, sino una necesidad operativa.

Conviene observar en los próximos meses si las autoridades y organizaciones sociales traducen este llamado en mecanismos concretos: presupuestos participativos juveniles, consejos consultivos con poder de decisión o fondos concursables para iniciativas lideradas por jóvenes. La diferencia entre una declaración de principios y una política efectiva se medirá en la capacidad de crear estructuras donde la juventud no sea invitada, sino protagonista con recursos y responsabilidades.

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