Suiza convierte sus montañas en la espina dorsal de su infraestructura moderna

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Suiza esconde su genio bajo tierra: 1.852 túneles y 2.500 km que retan a los Alpes. Descubre cómo la ingeniería subterránea redefine su futuro.

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Suiza ha convertido sus Alpes en un gigantesco laboratorio de ingeniería subterránea: con 1.852 túneles que suman más de 2.500 kilómetros, el país ha decidido que la solución a sus desafíos geográficos y logísticos se libra bajo tierra, no en la superficie.

La relación de Suiza con el subsuelo es histórica. Desde 1882, cuando se inauguró el primer túnel ferroviario del Gotardo con sus 15 kilómetros de doble vía, el país entendió que perforar la roca era la vía para conectar sus regiones. Esa lógica evolucionó hasta alcanzar su máxima expresión en 2016 con el túnel de base del Gotardo: 57,1 kilómetros que lo convierten en el ferrocarril subterráneo más largo del mundo, aunque la obra completa incluye unos 152 kilómetros de estructuras excavadas entre galerías y pasos auxiliares.

La estrategia no es solo una cuestión de orgullo ingenieril. En 1994, los votantes suizos aprobaron la Alpine Initiative, un mandato constitucional para trasladar el transporte de mercancías transalpino de la carretera al ferrocarril y proteger así el ecosistema montañoso. La meta era reducir los camiones de 1,4 millones anuales en 2000 a 650.000 en 2018, complementando la infraestructura con tasas a vehículos pesados según distancia, peso y emisiones.

Los resultados, sin embargo, muestran los límites de la apuesta. En 2025, el ferrocarril capturó el 68,6% de las mercancías que cruzaron los Alpes suizos, una ligera caída frente al 70,3% del año anterior, mientras que 959.700 camiones siguieron transitando por carretera, muy por encima del objetivo legal. Suiza ha reducido drásticamente el tráfico pesado desde el año 2000, pero la montaña sigue condicionando el transporte europeo: la diferencia es que ahora la batalla se libra a miles de metros de profundidad.

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