Sánchez intenta anclar Ceuta y Melilla en la UE: una promesa que choca con los tratados y el recelo de los socios

El último asalto migratorio a la valla de Ceuta, ocurrido a finales de julio, no solo puso en jaque la seguridad de la ciudad autónoma. Evidenció, una vez más, la anomalía geopolítica de unos territorios que, siendo españoles, habitan en un limbo jurídico dentro de la Unión Europea.

Frente a esa realidad, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado un paquete de medidas para subrayar que Ceuta y Melilla son suelo europeo. El objetivo es ambicioso, pero el camino está sembrado de obstáculos institucionales y de una necesidad incómoda: el visto bueno de los socios comunitarios.

La declaración de intenciones del Ejecutivo llega después de que cientos de migrantes forzaran la frontera ceutí, desbordando a las fuerzas de seguridad y obligando a una intervención diplomática de urgencia con Marruecos. Sánchez quiere convertir ese episodio en un punto de inflexión.

Su plan pasa por lograr un reconocimiento expreso de Bruselas sobre el estatus de ambas ciudades como frontera exterior europea, lo que implicaría reforzar la presencia de Frontex, blindar el perímetro con fondos comunitarios y, sobre todo, disipar cualquier ambigüedad sobre su pertenencia plena al proyecto europeo. Sin embargo, la realidad es tozuda.

Ceuta y Melilla no forman parte del espacio Schengen ni de la unión aduanera. Su encaje en la UE es un traje a medida, cosido hace décadas con excepciones que ahora se revelan como una losa.

Cualquier modificación de ese estatus no depende solo de la voluntad de Madrid. Exige una negociación compleja en el Consejo Europeo, donde la unanimidad es la norma para asuntos de esta naturaleza.

Y ahí residen dos problemas: el tiempo, que no juega a favor del Gobierno, y el escaso entusiasmo de varios socios, reacios a importar los problemas de una frontera caliente situada a escasos kilómetros de África subsahariana. La clave estará en la capacidad de Sánchez para convencer a sus homólogos de que el blindaje de Ceuta y Melilla no es una reivindicación bilateral, sino una cuestión de credibilidad para toda la UE.

Si el proyecto europeo presume de defender sus fronteras, difícilmente puede ignorar que dos de sus ciudades más vulnerables están asediadas en el norte de Marruecos. El tiempo apremia, los socios dudan y la presión migratoria no entiende de retórica.

Ceuta y Melilla siguen siendo, hoy, la herida más visible de una Europa que aún no decide hasta dónde está dispuesta a llegar.

Publicado por HPD Soluciones Integrales.