Sánchez defiende en el Congreso que la crisis de Ceuta fue un “aviso rutinario” y descarta toda evidencia de planificación marroquí
El presidente del Gobierno compareció este miércoles en el Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre la entrada masiva de alrededor de 80.000 personas en Ceuta el pasado 30 de julio, una de las mayores crisis migratorias vividas en la frontera sur de Europa. En su intervención, Sánchez quiso zanjar cualquier especulación sobre una supuesta acción orquestada por Marruecos: aseguró que los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad solo recibieron comunicaciones “rutinarias” y que no existen “evidencias” que apunten a una planificación deliberada por parte de las autoridades marroquíes.
El jefe del Ejecutivo utilizó su discurso para proyectar una imagen de control y normalidad, subrayando que el Gobierno ya trabaja para que la ciudad autónoma “recupere la normalidad cuanto antes”. Según detalló, se han impulsado medidas de refuerzo en el perímetro fronterizo, coordinación con las autoridades locales y un dispositivo de acogida para las personas que lograron cruzar, muchas de las cuales ya han sido devueltas a Marruecos en virtud de acuerdos bilaterales. Sin embargo, la comparecencia no estuvo exenta de tensión: los grupos de la oposición reprocharon al presidente su falta de previsión y le exigieron una respuesta más contundente ante lo que consideran un “chantaje migratorio” por parte de Rabat.
Los datos expuestos por Sánchez pusieron de relieve la magnitud del fenómeno: cerca de 80.000 personas, muchas de ellas menores y jóvenes, atravesaron la frontera en un solo día, desbordando los recursos de una ciudad con apenas 85.000 habitantes. Aunque el Gobierno insiste en que la situación está bajo control, las imágenes de miles de personas caminando por las calles ceutíes o descansando en instalaciones municipales dieron la vuelta al mundo y reabrieron el debate sobre la relación bilateral con Marruecos.
El cierre de la comparecencia dejó un poso amargo en el hemiciclo. Mientras Sánchez insistía en que no hay pruebas de una “agresión deliberada”, fuentes diplomáticas consultadas por este diario recuerdan que las relaciones con Marruecos atraviesan su peor momento en décadas, marcadas por el giro del Ejecutivo respecto al Sáhara Occidental y las tensiones en torno a la soberanía de Ceuta y Melilla. La negativa del presidente a admitir una posible represalia marroquí contrasta con las advertencias de expertos en seguridad que señalan la vulnerabilidad estructural de las fronteras españolas en el norte de África.
En este escenario, la pregunta que sobrevuela la política española no es solo cómo se produjo la entrada masiva, sino qué precio está dispuesto a pagar el Gobierno para evitar que se repita. Con un invierno demográfico en Europa y una presión migratoria creciente en el Mediterráneo, la respuesta de Sánchez –basada en la prudencia y el diálogo con Rabat– podría resultar insuficiente para los que exigen una acción más firme. La normalidad prometida para Ceuta dependerá tanto de la capacidad de gestión interna como de la voluntad de Marruecos de no volver a utilizar la frontera como arma política.