Sainz confía en la remontada de Ferrari: “Estamos volviendo a nuestro nivel
Sainz vuelve a chocar con la realidad del Williams en Sepang: el optimismo de Bakú se desvanece y las carencias del coche quedan al desnudo.
Carlos Sainz cerró el viernes de entrenamientos del Gran Premio de Bahrein en Sepang con sensaciones opuestas a las de la cita anterior en Bakú, donde las mejoras introducidas por Williams habían generado cierto optimismo. El regreso a un circuito más representativo de la Fórmula 1 volvió a evidenciar las limitaciones del monoplaza, según las impresiones del piloto español tras la primera jornada de actividad en pista.
La diferencia entre ambos trazados subraya la irregularidad del rendimiento del equipo, que no logra traducir los avances técnicos en resultados consistentes cuando el circuito exige un comportamiento más convencional del coche. Bakú, con sus largas rectas y frenadas fuertes, tiende a disimular deficiencias de carga aerodinámica y equilibrio que sí quedan al descubierto en pistas más completas como Sepang, donde la combinación de curvas rápidas, medias y lentas exige un monoplaza equilibrado en todas las fases del giro.
Para el lector que sigue la temporada, esta discrepancia entre circuitos es una señal de alerta: cuando un equipo solo rinde en trazados atípicos, el problema no es de configuración puntual, sino de concepto o de correlación entre el túnel de viento y la pista. Esa brecha suele tardar en cerrarse y condiciona la planificación de mejoras a lo largo del año.
El propio Sainz ha enmarcado sus declaraciones en un tono de confianza, al señalar que el equipo "está volviendo a su nivel". Esa afirmación, sin embargo, convive con la evidencia de la pista: las mejoras introducidas en Bakú no han bastado para sostener el rendimiento en Sepang. La lectura más razonable es que Williams necesita entender por qué el coche responde de forma tan distinta según el trazado antes de dar por consolidado cualquier paso adelante.
Conviene observar en las próximas sesiones si el equipo logra reducir la brecha con los rivales directos en condiciones de clasificación y carrera, y si las piezas nuevas que lleguen en las siguientes citas corrigen el comportamiento en curvas de media y alta velocidad. Ese será el indicador real de si el optimismo de Bakú tenía base o fue un espejismo de circuito.
La jornada de Sepang deja, por tanto, una conclusión doble: hay margen de mejora y confianza en el garaje, pero también una limitación estructural que el equipo aún no ha resuelto. El fin de semana servirá para medir cuánto de esa confianza se traduce en tiempos y cuánto queda en intención.
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