Ramón Hernández aconseja al Licey jugar con mentalidad corta y fuerte
Ramón Hernández vuelve desde el día uno con los Tigres del Licey para borrar el fracaso de 2025 y devolverle a la afición azul el protagonismo perdido.
Ramón Hernández, el bate que los Tigres del Licey extrañaron la temporada pasada, regresó a los entrenamientos desde el primer día con una misión clara: dejar atrás el fracaso de 2025, cuando el conjunto azul terminó en la última plaza de la serie regular, y devolverle a la fanaticada y a la organización el protagonismo que históricamente ha caracterizado al club.
El inicialista, considerado un tercer bate genuino para la alineación liceísta, marcó distancia respecto al año anterior, cuando compromisos en otras ligas lo mantuvieron alejado del equipo. Esa ausencia se sintió en una ofensiva que nunca encontró ritmo ni consistencia. Ahora, su presencia desde el arranque de las prácticas —que iniciaron con alrededor de 24 peloteros— representa una señal de compromiso que el cuerpo técnico y la afición valoran como punto de partida para reconstruir la identidad ofensiva del equipo.
Hernández no esquivó la autocrítica. "Se lo debo a la fanaticada y se lo debo a la organización que me ha apoyado bastante desde que empecé a jugar", declaró a Diario Libre, dejando claro que su regreso no es protocolar. En un circuito donde la memoria colectiva es implacable, reconocer la deuda deportiva con quienes siguen al equipo resulta tan necesario como producir en el terreno. El pelotero también subrayó que el grupo ha cambiado el chip: "Lo pasado, pasado. Sabemos que hubo bastantes cosas que no se pudieron dar el otro año".
Esa idea de pasar la página tiene un sustento concreto en la planificación. El gerente general Audo Vicente informó que el Licey buscará fortalecer el pitcheo abridor y mejorar el bateo situacional, dos áreas que quedaron en evidencia tras una campaña en la que solo destacaron Gustavo Núñez, Christian Adames, Francisco Mejía y Mel Rojas Jr. Los números respaldan la urgencia: los Tigres fueron el peor equipo en porcentaje de embasarse (.313) y de slugging (.322) la temporada pasada, una combinación que explica en buena medida el último lugar.
La frase que resume el nuevo enfoque la puso el propio Hernández: "La mentalidad de este año es diferente: tener memoria corta, olvidar lo que pasó el año pasado, venir con la mente fresca y prepararse de la mejor manera para estar listo el 16 de octubre cuando se cante play ball". En el béisbol invernal dominicano, donde la ansiedad de la afición y la presión mediática pueden convertirse en peso extra, esa disposición mental no es un detalle menor. Equipos que cargan con el fantasma de una temporada desastrosa suelen arrastrar esa losa durante los primeros juegos.
El cierre de Hernández apela a algo más profundo que la técnica: el orgullo. "Nosotros como organización tenemos orgullo. Sé que los fanáticos, mucha gente estuvieron dolidos, pero a nosotros nos dolió más, porque tenemos orgullo y tratamos de representar estas cinco letras de la mejor manera", concluyó. Para el Licey, el desafío no es solo mejorar en la tabla de posiciones, sino reconectar con una hinchada que exige resultados y que ve en el regreso de sus figuras —y en la promesa de un bate que faltó— el primer paso hacia la redención.
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