Racismo encubierto y discriminación racial en la sociedad dominicana: un problema sistémico que requiere…

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“Descubre la sombra oscura de la poesía dominicana: donde el color de piel decide el valor de un ser humano.”

Imagen editorial de respaldo para general

El arraigado prejuicio racial contra la población negra se manifiesta de forma contundente en la poesía folklórica dominicana, particularmente en la décima y la copla anónima. Estas expresiones artísticas, lejos de ser inocuas, recogen alusiones consistentemente denigrantes, satíricas y ofensivas dirigidas a los atributos físicos, morales y espirituales de las personas negras. Son escasas las características que escapan al desprecio y ataque, evidenciando una profunda dicotomía social donde el "pelo bueno" se asocia a la blancura y el "pelo malo" a la negritud, o donde los labios de personas negras son despectivamente denominados "bembas" o "bembes", un término común en diversas naciones afroamericanas. Incluso figuras históricas como el general Ulises Heureaux (Lilís), quien gobernó la República Dominicana, fueron objeto de mofa y mortificación por su color de piel, siendo tildado de "brujo", "galipote", "untao" (invulnerable) o maliciosamente confundido con un "nublado", persistiendo las ofensas incluso tras su deceso.

Más allá de los rasgos físicos, la poesía popular dominicana a menudo asocia a la persona negra con estereotipos negativos, equiparándola con el diablo o presentándola como un ser "bruto, tonto, idiota y sin importancia", comparable a elementos desechables o seres irracionales. Esta desvalorización se extiende a la percepción de los pies, que en el imaginario prejuiciado no merecen la denominación de "pies" sino de "patas". La interacción entre personas blancas y negras también se aborda con cinismo, sugiriendo que la mezcla solo es aceptable si el blanco obtiene algún beneficio, y plasmando un estado original de inferioridad social para el negro. No obstante, voces como la del poeta nacional de Cuba, Nicolás Guillén, en su célebre poema "Negro bembón", ofrecieron una respuesta de aliento y rechazo a estas denominaciones despectivas.

A pesar de la prevalencia de estas manifestaciones, en la República Dominicana es común la defensa de la inexistencia de la negrofobia o el prejuicio racial antinegro. Quienes sostienen esta tesis argumentan que la integración del "negro criollo" en diversos círculos sociales —clubes, empresas, partidos políticos, ámbitos académicos y religiosos— refuta la presencia de tal sesgo. Sin embargo, esta integración social, si bien denota una ausencia de discriminación racial (acciones excluyentes), no anula la existencia del prejuicio (un juicio previo o actitud mental negativa). La coexistencia de prejuicio sin discriminación activa es una realidad en muchas comunidades, y las muestras lingüísticas y poéticas examinadas en este contexto refutan la noción de que el prejuicio contra la población negra esté ausente en la sociedad dominicana, sugiriendo un complejo étnico heredado y a menudo inconsciente.

La presencia de "puyazos poéticos" dirigidos a la etnia negra no es exclusiva de la República Dominicana, registrándose también en el folklore literario de otras naciones hispanoamericanas como Cuba, Venezuela y Colombia. El profesor e investigador cubano José Juan Arrom, en "Certidumbre de América" (1971), señaló que el tono del improperio se intensifica en proporción a la densidad de la población negra en cada región. Así, mientras que en países con menor población negra el "puyazo es usualmente ligero y no deja escozor", en lugares como Santo Domingo, con un alto índice de habitantes negros y una historia de gobernantes de esta etnia, el insulto se torna "cáustico y deja llagas".

Dentro de este panorama, resulta notable la escasez de representaciones poéticas que muestren defensa o simpatía hacia la persona negra. De la vasta investigación, solo un par de muestras ofrecen una visión diferente, como los versos del laureado vate dominicano Juan Sánchez Lamouth (1929-1969) o una copla que equipara éticamente a negros y blancos. El poeta Manuel del Cabral (1907-1999) sintetiza esta compleja realidad con versos que evocan la tristeza inherente a la condición, subrayando la profunda huella de un prejuicio que, aunque a menudo negado, impregna el imaginario cultural.

Fuente original: consultar publicación original.

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