PRM: la disputa silenciosa que sacude las entrañas del poder
Nuevo mapa de poder en el PRM: Abinader, Collado-Sanz Lovatón y Carolina Mejía redefinen el equilibrio interno. ¿Quién lidera la sucesión?
La elección de la nueva dirección del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha rediseñado el equilibrio de poder interno, dejando atrás la tradicional dualidad para dar paso a un tablero de tres fuerzas: el liderazgo institucional de Luis Abinader, el eje político conformado por David Collado y Yayo Sanz Lovatón, y el capital propio que conserva Carolina Mejía. Este nuevo escenario no es un simple reacomodo de nombres, sino la expresión más clara de cómo se distribuye hoy el poder real dentro de la organización oficialista, en un momento en que el partido se prepara para los desafíos electorales que se avecinan y para la sucesión presidencial que ya comienza a perfilarse en el horizonte.
La designación de Gloria Reyes al frente de la Secretaría de Organización consolidó el acuerdo entre el presidente y el bloque Collado-Sanz Lovatón. Reyes, quien ha ocupado posiciones de relevancia en la administración pública, asume ahora una de las posiciones más sensibles del partido: la que controla el padrón, la estructura territorial y, en última instancia, la capacidad de movilización. En la política dominicana, quien controla la organización controla el partido, y esa victoria no es menor.
Mientras tanto, la Secretaría Electoral fue asignada a Wellington Arnaud y Luis Delgado, una decisión que algunos sectores interpretaron como una concesión simbólica, descrita en pasillos como una “colita”. El término, usado con ironía en la política local, sugiere que se trata de un espacio de poder más nominal que real, una forma de reconocer a ciertas corrientes sin otorgarles influencia sustantiva. Sin embargo, en un partido donde cada posición cuenta de cara a la organización de comicios internos, esta secretaría podría tener más peso del que algunos le atribuyen.
El hecho de que el discurso oficial haya sido de unidad no oculta que el resultado del proceso dejó claramente contadas las corrientes internas. Cada designación fue leída por los distintos sectores como una señal de quién avanza y quién cede. La cohesión partidaria, tan necesaria para gobernar, convive ahora con una reconfiguración de alianzas y aspiraciones que no solo involucra a los nombres mencionados, sino también a figuras emergentes que esperan su turno.
Para el lector, este movimiento interno tiene implicaciones directas: define cómo se negociarán las candidaturas municipales y congresuales, quién tendrá la última palabra en la escogencia de los próximos candidatos presidenciales y cómo se manejará la relación entre el partido y el Gobierno. En un sistema donde el partido oficialista suele marcar la pauta de la agenda nacional, lo que ocurra en su interior terminará afectando las políticas públicas y la estabilidad política del país.
Conviene observar, en los próximos meses, si el bloque Collado-Sanz Lovatón logra convertir su influencia organizativa en poder real de decisión, si Carolina Mejía conserva su autonomía en la capital o si el presidente Abinader mantiene el control efectivo sobre todas las corrientes. También será clave ver cómo reaccionan los sectores que se sintieron marginados en esta repartición, pues en la política dominicana las “colitas” suelen generar resentimientos que se cobran más temprano que tarde.
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