Policía haitiana asume indagación de la masacre de Kenscoff

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Haití: masacre en iglesia deja 47 muertos y el gobierno promete mano firme contra las bandas. La Policía investiga el ataque en Kenscoff.

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La Policía Nacional de Haití asumió este jueves la investigación de la masacre de al menos 47 personas en Kenscoff, una localidad montañosa a las afueras de Puerto Príncipe, mientras el Gobierno promete una respuesta "firme" contra las bandas armadas que siembran el terror en la capital y sus alrededores. El comisario policial Garry Desrosiers confirmó que el comandante en jefe de la Policía Nacional, André Jonas Vladimir Paraison, ordenó una indagación "inmediata" sobre los hechos, en un contexto donde la violencia de las pandillas ha llevado al país caribeño a una crisis humanitaria sin precedentes.

La masacre de Kenscoff, ocurrida en una zona que hasta hace poco se consideraba relativamente segura y de clase media alta, marca un nuevo escalón en la espiral de violencia que afecta a Haití. Según el reporte de la ONU, 22 de las víctimas fueron presuntamente ejecutadas dentro de una iglesia, un dato que subraya la brutalidad del ataque y que ha generado conmoción incluso en una sociedad ya acostumbrada a la violencia de las bandas. El hecho de que el ataque haya ocurrido en un lugar de culto añade una dimensión particularmente grave a la tragedia, pues sugiere que los criminales operan sin ningún tipo de límite ni respeto por la vida civil.

La amenaza del jefe de banda apodado "Didi 2", quien en un video difundido en redes sociales advierte que matará a más de 60 rehenes si las autoridades intentan atacarlo, revela el nivel de desafío que enfrenta el Estado haitiano. Este tipo de mensajes, lejos de ser una bravata aislada, se han convertido en una táctica recurrente de las pandillas para demostrar su control territorial y su capacidad de negociación frente a un gobierno que lucha por imponer su autoridad. La situación de los rehenes, cuyo número y paradero exacto no han sido precisados oficialmente, añade una presión adicional sobre las fuerzas de seguridad.

El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé ha respondido con un discurso de línea dura, subrayando que "la masacre de Kenscoff no quedará impune" y anunciando medidas operativas para perseguir a los responsables, desmantelar las redes criminales y retomar el control de las zonas ocupadas. Sin embargo, estas promesas llegan en un momento de profunda desconfianza ciudadana, pues la población ha visto fracasar anteriores operativos y ha sido testigo de cómo las bandas expanden su influencia incluso en áreas antes consideradas seguras. Las reuniones con el Consejo Superior de la Policía Nacional y el Estado Mayor de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) buscan reforzar la coordinación entre las fuerzas armadas, pero el éxito de estas medidas dependerá de su ejecución efectiva sobre el terreno.

La GSF, un operativo de 5,500 efectivos aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU en septiembre de 2025, enfrenta críticas crecientes por su limitada efectividad en zonas como Kenscoff, donde la falta de presencia policial ha sido señalada como un factor clave en la escalada de violencia. La ausencia de un control estatal sostenido ha permitido que las pandillas establezcan bases de operaciones, recluten jóvenes y controlen rutas de suministro, convirtiendo vastas extensiones del territorio en zonas grises donde la ley no llega. Para los lectores, es clave entender que la crisis haitiana no es un fenómeno aislado: la inestabilidad en el país vecino tiene repercusiones directas en la región, desde flujos migratorios hasta impactos en el comercio y la seguridad fronteriza.

Mientras la institución policial expresa su "más sentido pésame" a las familias de las víctimas, los datos de la ONU pintan un panorama desolador: al menos 3,050 muertos y 1,401 heridos en los primeros seis meses del año. Estas cifras, que superan los registros de años anteriores, evidencian que la violencia no solo persiste sino que se intensifica. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos, y la capacidad del gobierno haitiano para responder a esta crisis será puesta a prueba en los próximos días, mientras las familias de Kenscoff lloran a sus muertos y una población entera se pregunta cuál será el próximo barrio en caer en manos de las bandas.

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