Poca grasa corporal también enferma: el riesgo oculto de la delgadez extrema

La grasa corporal cumple funciones clave más allá de almacenar energía. Expertos alertan que reducirla en exceso puede dañar tu salud. Descubre por qué.

Poca grasa corporal también enferma: el riesgo oculto de la delgadez extrema

La grasa corporal no es solo una reserva de energía: cumple funciones hormonales, metabólicas e inmunológicas que el organismo necesita para funcionar. Por eso, los especialistas advierten que los objetivos extremos de pérdida de grasa —frecuentes en ciertos deportes o en prácticas de adelgazamiento acelerado— pueden convertirse en un riesgo real para la salud, incluso cuando el resultado se percibe como “ideal” desde el punto de vista estético.

El tejido adiposo actúa como un órgano endocrino activo. Es decir, no se limita a almacenar calorías, sino que libera hormonas y participa en procesos metabólicos, inmunológicos y reproductivos. Esa función explica por qué su presencia en niveles adecuados es indispensable para el correcto funcionamiento del organismo y por qué una reducción drástica puede alterar esos sistemas de manera encadenada.

Entre los efectos que los expertos asocian a una grasa corporal excesivamente baja figuran los desequilibrios hormonales, los problemas de termorregulación y el deterioro de la salud ósea y cardiovascular. La termorregulación, en particular, depende en parte de la grasa corporal para conservar el calor; cuando ese colchón se reduce demasiado, el cuerpo pierde capacidad de adaptación frente a cambios de temperatura.

El problema no es exclusivo de quienes buscan un rendimiento deportivo extremo. También aparece en prácticas de adelgazamiento acelerado que priorizan resultados visibles en poco tiempo, sin considerar el costo fisiológico. En esos casos, la meta deja de ser salud y pasa a ser una cifra o una apariencia, lo que puede llevar a decisiones que comprometen el bienestar integral.

La clave que insisten los especialistas es cambiar el enfoque: no se trata de eliminar la grasa, sino de mantener niveles saludables mediante una alimentación equilibrada y actividad física regular. Ese mensaje contrasta con la idea de que “menos grasa siempre es mejor”, una creencia que ignora las funciones vitales del tejido adiposo y que puede normalizar conductas de riesgo.

Para los lectores, conviene observar cómo se comunican los objetivos de composición corporal en redes, gimnasios y entornos deportivos. Cuando el discurso se centra solo en la estética o en porcentajes extremos, suele omitir que el cuerpo necesita grasa para regular hormonas, temperatura y otros procesos. La advertencia de los expertos apunta a recuperar esa perspectiva integral: la salud no se mide únicamente por lo que se ve, sino por lo que el organismo puede sostener en el tiempo.

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