Palacio Nacional: un siglo de poder e historia en el corazón dominicano

El Capitolio dominicano no nació con Trujillo. Descubre su historia real, el origen de sus planos y la majestuosidad de su construcción.

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La idea de una gran sede gubernamental no nació con Trujillo. Documentos de la década de 1920 ya reflejaban la aspiración del Estado de construir un "Capitolio Nacional" para dignificar al Poder Ejecutivo, una necesidad que se hacía evidente en la antigua Mansión Presidencial. Fue en 1939 cuando Trujillo encargó al ingeniero italiano Guido D’Alessandro, avecindado en el país desde 1927, la elaboración de los planos. El diseño, de un marcado estilo ecléctico con predominio neoclásico, tomó casi tres años y sentó las bases de una obra monumental que comenzó a levantarse el 27 de febrero de 1944, coincidiendo con el centenario de la Independencia Nacional, un acto de gran simbolismo político.

La construcción, autorizada por la Ley 476 y extendida por unos tres años, fue una proeza de ingeniería y arte que combinó materiales nacionales como el mármol de Barahona y Samaná y la caoba centenaria, con otros importados como el bronce y el acero. El resultado es un edificio de tres niveles y 18,000 metros cuadrados, coronado por una imponente cúpula de 34 metros de altura. Su interior es una sucesión de salones ceremoniales, como el de las Cariátides o el Salón Verde, diseñados para transmitir solemnidad y autoridad. Sin embargo, su mayor legado es haber trascendido su origen dictatorial para convertirse en el escenario institucional de la democracia dominicana, recibiendo a jefes de Estado y siendo parte fundamental de la memoria política del país.

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