Moreno Jimenes: el legado poético que marcó la literatura dominicana

Domingo Moreno Jimenes, el poeta que recorrió República Dominicana con versos y chicharrón en los bolsillos. Descubre su legado postumista.

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Domingo Moreno Jimenes, fundador del postumismo en 1921 e introductor del versolibrismo en la poesía dominicana, es recordado no solo por su obra, sino por una vida cotidiana que rayaba en lo pintoresco. Su figura, entre el vagabundeo y la contemplación, ofrece una puerta de entrada a una de las corrientes más decisivas de la literatura nacional.

Moreno Jimenes (1894-1986) recorría los pueblos del país sin rumbo fijo, con un maletín repleto de libros de versos. Según testimonios recogidos por el escritor Ramón Francisco en "Literatura dominicana 60" (1969), solía cargar en los bolsillos de su saco arepas, empanadas, cazabe y chicharrón. "Entre kilómetros y kilómetros y mordiscos y mordiscos y chorreando manteca por todos bolsillos, Moreno observaba el paisaje nacional con ojos transparentes", apunta Francisco. Esa imagen condensa una poética: el poeta no miraba el país desde la distancia académica, sino desde el barro, la comida y el camino.

Esa conexión visceral con el entorno lo llevó a componer uno de sus poemas menos conocidos, el "Canto al Soco", dedicado al modesto río que cruza el poblado de El Seibo, donde ejerció como director de escuela. El texto no celebra un paisaje grandioso, sino un curso de agua humilde, lo que ayuda a entender por qué el postumismo buscó apartarse del ornamento modernista y acercarse al habla y a la vida cotidiana dominicana.

El escritor José Rafael Lantigua (1948-2025) documenta en "Domingo Moreno Jimenes: Apóstol de la poesía" (1980) que el poeta declamaba estos versos mientras pasaba horas enteras frente al río contemplando sus aguas, revelando "una clara filosofía de la vida". Lantigua relata además que Valentín Giró, uno de los iniciadores del modernismo en el país y para entonces juez de primera instancia en la localidad oriental, reprochaba a Moreno que dedicara largas horas a contemplar el río mientras una novia que tenía se cansaba de esperarlo.

El episodio retrata la personalidad del poeta, para quien la corriente fluvial parecía ejercer una fascinación superior a cualquier compromiso social. Para el lector de hoy, esa anécdota no es un simple dato biográfico: ilumina una ética creativa en la que la observación del paisaje y la libertad personal pesaban más que las convenciones. Conviene leer a Moreno Jimenes teniendo presente ese cruce entre vida y escritura, porque su legado no se limita a los manuales: está también en la manera de mirar el país que inauguró para la poesía dominicana.

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