Madrid clama por una huelga general de vivienda: “Ya nos hace falta”
Miles de personas han vuelto a convertir las calles de Madrid en un clamor por el derecho a techo. Cuatro marchas convocadas desde distintos puntos de la capital han confluido en la plaza de Cibeles, donde decenas de miles de manifestantes han coreado consignas contra la crisis habitacional y han exigido una huelga general por la vivienda. El grito que más ha resonado, “Ya nos hace falta”, resumía el hartazgo de una multitud que considera agotada la paciencia.
La protesta responde al rechazo en el Congreso de los Diputados de los dos decretos de vivienda. Para los convocantes, ese revés parlamentario es la prueba de que las instituciones no están a la altura de un problema que expulsa a vecinos de sus barrios y condena a miles de jóvenes a no poder emanciparse. Las cuatro columnas, que partieron de puntos estratégicos de la ciudad, avanzaron entre pancartas, cánticos y silbatos hasta fundirse en un solo bloque frente a la fuente de Cibeles.
Los organizadores han cifrado en decenas de miles los asistentes, mientras que los participantes han insistido en que la movilización no es un hecho aislado, sino la expresión de un malestar profundo. “No pedimos un favor, exigimos un derecho”, repetían algunos carteles. Otros reclamos aludían al precio de los alquileres, a los desahucios, a la falta de vivienda pública y al avance de los pisos turísticos, factores que, denuncian, están vaciando los barrios y expulsando a la población local.
La jornada ha tenido un marcado carácter unitario. Colectivos vecinales, sindicatos, plataformas de inquilinas y organizaciones juveniles han coincidido en la necesidad de pasar de las promesas a las medidas concretas. Entre las exigencias que sobrevolaron Cibeles figuraron la regulación de los precios del alquiler, la movilización de vivienda vacía, la protección frente a los desahucios y una ley que garantice el derecho a la vivienda como servicio público. La convocatoria de una huelga general, aunque simbólica por ahora, fue recibida con entusiasmo entre quienes entienden que la vivienda ya no es solo una urgencia social, sino el epicentro de un conflicto político.
El contexto no invita al optimismo. El precio del alquiler sigue marcando máximos en muchas ciudades, la compraventa se ha encarecido y el acceso a una vivienda digna se ha convertido en un privilegio generacional. Mientras el Congreso debate y rechaza iniciativas, las calles advierten de que la paciencia tiene un límite. “Ya nos hace falta”, coreaban miles de personas en Madrid. No era una consigna más: era un ultimátum.